Adaptación social

La adaptación es, en sociología y psicología, el proceso por el cual un grupo o un individuo ajustan sus patrones de comportamiento para ajustarse a las normas imperantes en el medio social en el que se mueve.

El grado en que el individuo está dispuesto a apartarse de los hábitos propios previamente adquiridos para garantizar la estabilidad de la relación constituye su capacidad de conformismo.

Existen diseños experimentales para proporcionar una estimación cuantitativa del conformismo, elaborados sobre todo a partir de las experiencias diseñadas por Solomon Asch y Stanley Milgram; los experimentos de Asch permiten estimar la presión que la opinión expresa de otros miembros del grupo ejerce sobre las decisiones propias —lo que se ha dado en llamar presión de los pares—, mientras que los de Milgram se centran en la capacidad de aceptar órdenes de una persona en situación de autoridad aún cuando entran en conflicto con los propios principios.

Investigaciones de esta última clase se habían integrado también en la elaboración de la escala F, un índice que intentaba medir el grado de autoritarismo de la personalidad, en los estudios llevados a cabo por Theodor Adorno, Else Frenkel-Brunswik, Daniel Levinson y R. Nevitt Sanford.

Según la intensidad con que el individuo se conforma a las expectativas del grupo, suele distinguirse el acatamiento —en que las acciones públicas del sujeto se ajustan a la norma, pero sus opiniones y acciones privadas no se ven afectadas—, la identificación —en que el individuo hace suyos los principios y normas del grupo en el ámbito y período acotado al que pertenece a él, pero la asimilación no es duradera— y la internalización —en que el sujeto acepta como propios los principios de juicio y evaluación codificados en las normas del grupo.

El control social sobre el cumplimiento de las normas lleva, por lo general, a que aún los individuos cuyos intereses y formación no los inclinan al acatarlas efectivamente las obedezcan.

La severidad de las sanciones —que no se corresponde simplemente con el nivel en que éstas han sido institucionalizadas en organismo específicos dedicados a ratificarlas— permite distinguir entre costumbres, cuyo incumplimiento puede resultar excéntrico, vergonzoso o aún anormal, y acarrear principalmente incomodidades, y mores, normas que definen lo aceptable en el terreno social y cuya violación granjea la exclusión del círculo social o aún sanciones legales.

En situaciones de alta presión para la conformidad —sobre todo aquellas en que el grupo es fuertemente homogéneo, cohesionado y dotado de autoridad fuerte pero difusa—, el ajuste de las acciones individuales a lo que se estima anticipadamente que será el consenso del grupo lleva a la adopción de decisiones que individualmente cada miembro hubiera considerado inapropiadas, en una forma de profecía autocumplida.

Este fenómeno, denominado groupthink o síndrome de pensamiento grupal, afecta especialmente a las organizaciones de gran escala, sobre todo cuando no disponen de una estructura burocrática que defina metódicamente las responsabilidades; la reciente evolución de los modelos de gestión empresarial se ha mostrado particularmente sensible a él.

Fuente: Wikipedia