Apocalipsis

El libro del Apocalipsis o Apocalipsis de Juan (griego: Αποκάλυψις Ιωάννου [Apokálypsis Ioánnou], «Revelación de Juan») es el último libro del Nuevo Testamento. También es conocido como Apocalipsis de Jesucristo por el título que al principio se da a este libro, y en algunos círculos protestantes simplemente como Revelación o Libro de las revelaciones.

El Apocalipsis quizás sea el escrito más rico en símbolos de toda la Biblia. La cantidad de símbolos, eventos y procesos complica la tarea de interpretar la totalidad de la revelación y como tal, ha sido objeto de numerosas investigaciones, interpretaciones y debate a lo largo de la historia.

El autor se llama a sí mismo Juan, y la tradición eclesiástica ha sostenido que se trata de san Juan Evangelista. Sin embargo, muchos especialistas, tomando en consideración pruebas tales como las diferencias lingüísticas entre el Apocalipsis y el Evangelio según san Juan (también atribuido por la tradición a Juan Evangelista) se sienten más inclinados a atribuirlo a algún otro destacado cristiano de la Iglesia primitiva, sugiriendo, por ejemplo, que fuera el apóstol Juan Marcos o Juan el Viejo.

Está generalizada la opinión de que fue redactado en la isla de Patmos, una de las del Dodecaneso en el Egeo, a la cual el autor quizá fuera desterrado ‘por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús’ (1,9). Allí, quizá durante el reinado del emperador romano Vespasiano (69-79 d.C.), aunque con mayor probabilidad bajo el del emperador Domiciano, el autor oyó ‘una gran voz como de trompeta’ diciéndole ‘lo que veas escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea’ (1,10-11).

Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis

Fue escrito para preparar a los cristianos ante la última intervención de Dios en los asuntos humanos. La primitiva Iglesia creía que este acontecimiento no tardaría en llegar. Cuando se produjera comenzaría una nueva era en el mundo, en la que Cristo y la Iglesia resultarían triunfantes. Sin embargo, antes se agravarían e intensificarían los males y terrores del orden mundial existente.

El autor del Apocalipsis parece haber interpretado el empeoramiento de las condiciones de los cristianos durante el imperio de Domiciano como una señal del comienzo de este periodo catastrófico. Al parecer, escribió sobre todo para alentar a los cristianos a resistir durante esta aterradora crisis final, en la confiada esperanza del advenimiento de una inminente era justa para la eternidad.