Más que nunca, esta palabra resuena como el eco de la esperanza en un
mundo agitado por mundializaciones y refracciones. Puesto que ésta
incluye, innegablemente, una muy fuerte definición de la puesta en
presencia humana.
Y, sin embargo... Esta palabra -es una de sus
paradojas- se encuentra demasiado a menudo atrapada en las redes de la
oposición a las teorías de Gobineau o de otras declinaciones de la raza
pura que han provocado tanta infelicidad en los hombres. A estas
tentativas de exclusión feroz, hemos opuesto el concepto mestizaje.
Como si se tratase de la panacea para conjurar las Ruanda, los
Sarajevo, los…
En principio, el término español, mestizo, significa “mezclado”, y se
refiere a las operaciones destinadas a mejorar las especies ovinas,
vegetales, animales. Pero cuando se trata de la especie humana,
encontramos juicios más ambiguos, puesto que las sociedades han
establecido grados, yendo de pura sangre a semi-sangre o a tres cuartos
de sangre, igual que de tercer a cuarto mestizo. Sin hablar de
bastardo… El prejuicio “mejorador”, y paradójicamente, peyorativo,
impregna este término desde antes. ¿No decía Mirabeau que la “raza
mestiza” es “extranjera a la nobleza”? Charron, en Sabiduría,
hablaba de formas mestizas ambiguas “entre lo humano y lo brutal”.
Mestizar lleva al origen de una operación voluntaria, organizada,
querida, sobre todo en los reinos animal y vegetal. Éste integra
también el vocabulario de los Estados que preconizan el
multiculturalismo o el multiconfesionalismo, y debe oponerse al
racismo. Se dice que Brasil es un país mestizo, pero con tal grado de
injusticia hacia el negro… Se
pueden encontrar mestizos cargados de la peor forma de racismo, si
estos viven mal su “mezcolanza”. He entrevisto los más bellos mestizos
culturales, véase psíquicos en Cuba (la más bella conquista de Castro),
y en Colombia, en Medellín, donde la violencia reina en el plan
socioeconómico. He encontrado un país de tradición mestiza, Omán, que
por sus boutres siempre ha anclado su comercio y sus intercambios en la
India, en China y en la costa este de África, desde hace 3.000 años.
Esta tierra de encuentros y de conquistas no tiene discurso oficial
sobre el mestizaje que vive y practica desde hace milenios… En otros
países en los que se habla de mestizaje el término despierta sospechas
difusas, temores a la pérdida de sí…
¿Frente al mestizaje no es necesario preferir el encuentro, la armonía
consigo mismo y, de esta manera, con el otro, la alteridad, la
“criollización”, la “coolitud”, tantos conceptos en los que se lanzan
pasarelas entre hombres y mujeres, sin que la necesaria complejidad sea
evacuada de la puesta en presencia del uno/a frente al otro/a? No es
necesario organizar el encuentro, preparar una cita sin sorpresa. El
mestizaje debería ser una
historia de amor, dejada al destino o la voluntad de cada uno/a. Es
necesario manejarlo con prudencia en las políticas en oposición a los
demonios de la exclusión, incluso si la idea es generosa. Es ante todo
una aventura a dejar al individuo, pero a condición de que éste sea
preparado a encontrarse con y en el otro, puesto que mestizar à tout-va
no significa la muerte del prejuicio de raza, de cultura o de
civilización…
Senghor tenía una divisa admirable: “Nosotros nos debemos ser mestizos
culturales”. Este giro del “espíritu mestizo” -me parece- debe ser un
preliminar al mestizaje, puesto que éste indica ante todo que el
mestizaje biológico puede desembocar en unas pieles mezcladas con las
máscaras repugnantes del racismo o del malestar. Si la “mezcla” se vive
serenamente, se habrá mejorado el encuentro… El mestizaje cultural está
pensado, éste integra toda una dimensión de lo posible, dejando la
parte bella a lo real, a la sorpresa o a lo indescriptible en el
encuentro humano. Comprender, en primer lugar, decía Gandhi, y así
puede ser amar al otro, en sus zonas de sombra como en sus resplandores
de luz. Con todo lo que esto comporta de gestión
humana…
Es así importante vaciar el término mestizaje de su
discurso riguroso, científico, voluntarista, frío incluso, sobre todo
cuando su objetivo no reconocido intenta “cruzar una raza con otra para
mejorar aquella que tiene menos valor” (Littré). Se puede fácilmente
deducir que aquí una de las dos “razas” debe difuminarse bajo las
“cualidades” del otro, lo que lleva a matar el encuentro, en aquello
que ésta tiene de más molesto, de imprevisible, y puede ser de más
hermoso: la insostenible “adición” de los seres.
Fuente: mondialisations.org