Legitimidad del mestizaje: problema y posibilidad de la identidad peruana

Dentro de las obsesiones identitarias de nuestro medio fermenta, hasta su punto de ebullición, la insistencia en pertenecer a una sociedad o a una cultura pura, incontaminada, ajena a cualquier tipo de mestizaje. Los obsesos buscan enraizarse en la sangre o en el alma de algún grupo étnico o social que denominan originario, al que pretenden no occidental o contra lo occidental.

En plena globalización y época de la revolución genética —y contra ella—, exhuman los despojos del pensamiento más reaccionario de la humanidad para agazaparse en algún nicho racial. Olvidan, o desconocen, los obsesos por la identidad incontaminada, que no existe una cultura químicamente pura como el agua destilada en la cual obviamente no germinaría semilla alguna.

En el caso peruano, cuando hablamos de identidad o mestizaje, tenemos un problema. Trátase del gran trauma que nos dejó la Conquista española. Dicha conmoción —a la que J. C. Mariátegui denominó “nuestro pecado original”— aún no ha sido superada. Esta situación impide la asunción de la identidad peruana. Como dice el Dr. Max Hernández (en su disertación “Identidad y Mestizaje”, el 29/09/1999, en el ciclo de conferencias del Congreso de la República), para superar un trauma éste debe ser recordado y procesado mentalmente; cosa que todavía no ha sucedido debido a varios bloqueos que nos han mantenido en una especie de identidad negativa y en “una historia prodiga de olvidos”. A contracorriente, el destacado psiquiatra y psicoanalista vislumbra en el problema o fenómeno de nuestro mestizaje una fortaleza antes que una debilidad y en el entorno de la globalización una oportunidad. Para este estudioso el Perú fue conformándose por diversas oleadas de migrantes desde hace milenios, proceso que continúa y por ello mismo entiende que el mestizaje no se circunscribe a la denominación de los hijos de españoles e indígenas.

Fuente: losandes.com.pe