El cura Hidalgo

Don Miguel Hidalgo quiso que la independencia tuviera también un sesgo revolucionario, devolviendo las tierras a los indios, liquidando la esclavitud de los negros y abriendo la vida social a la presencia de los mestizos.

Sacerdote ilustrado, dirigió seminarios y centros culturales, pero, en vez de enriquecerse como otros clérigos, optó por trabajar junto al pueblo pobre. Terminó de cura en el pueblo de Dolores y desde ahí lanzó el grito de independencia de México, el 16 de septiembre de 1810. Luego, con un ejército de seis mil indios, que llevaba por estandarte a la Virgen de Guadalupe, inició la campaña de liberación de su país y de su pueblo, ayudado por algunos criollos patriotas. En un par de semanas tomó la gran ciudad minera de Guanajuato y luego controló las principales ciudades del norte mexicano. Se unieron a su lucha otros curas de pueblos, como José María Morelos y José María Mercado.

Pero el buen cura Hidalgo entendió que su lucha no tenía sentido si no ejecutaba audaces reformas sociales a favor del pueblo. Así, en calidad de “Generalísimo de América”, decretó el 5 de diciembre de 1810 que los arrendatarios devolvieran sus tierras a los pueblos indígenas y prohibió que estas volvieran a arrendarse en el futuro. Un día después, decretó que los esclavistas dieran libertad a sus esclavos en un plazo de diez días, so pena de muerte.

Fuente: telegrafo.com.ec