El despertar

Mi artículo más reciente suscitó un diluvio de respuestas. Para mis lectores nuestro racismo existe, es grave, debe combatirse. Una minoría blanca domina la sociedad e impide su progreso. ¿Qué podemos hacer para denunciarlo y combatirlo? Ante todo definirlo. En el México colonial existía un sistema de castas garantizado y reglamentado. Residuos muy poderosos subsisten.

Los estratos de la sociedad mexicana son cultural y racialmente distintos. Significa que es difícil para la mayoría mestiza tener acceso a la riqueza, a los medios de producción y a las oportunidades. El elemento de casta es determinado por la posición de la familia original. Coincide con las diferencias de clase, aunque desborda el límite de la economía. Es un fenómeno de límites difusos. Y las diferencias son severas pero no totalmente infranqueables. Funcionan como obstáculo para la movilidad social pero no tienen carácter legal ni fatal. Son repudiadas por todos y negadas incluso por aquellos que las padecen.

Complica las cosas nuestra hipocresía. Por décadas acusamos a Estados Unidos de racistas. Lo eran, pero no veíamos nuestro propio racismo. La evolución positiva que ha tenido Estados Unidos para atacar el problema, no se corresponde con el movilismo de México.

Fuente: jornada.unam.mx