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Secuelas del racismo en Estados Unidos
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Hasta principios del siglo XX, los nueve magistrados del Tribunal Supremo estadounidense, al igual que la inmensa mayoría de los altos cargos de la Administración y del mundo empresarial, fueron siempre varones blancos, por lo general de origen europeo y preferiblemente de religión protestante. Con el nombramiento de tres magistrados judíos en la primera mitad del siglo, y de dos negros y una mujer en la segunda, el Tribunal Supremo estadounidense participaba de un movimiento general de ampliación de ciertas oportunidades vitales y profesionales que dejaban de estar restringidas a los varones de raza blanca para abrirse a todos los seres humanos, independientemente de su raza y de su sexo.
Asimismo, gracias a una importante legislación social, respaldada principalmente por los presidentes Theodore Roosevelt, Franklin Roosevelt y Lyndon B. Johnson, el Tribunal Supremo estadounidense tendió a lo largo del siglo XX a mantener un equilibrio entre los magistrados políticamente conservadores y los progresistas. Desde los años treinta, siempre que se produce una vacante en la magistratura no son sólo los méritos profesionales de los candidatos o candidatas a ocupar el cargo, sino también sus simpatías políticas, en especial con respecto a la justicia social y racial, lo que interesa a la opinión pública.
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