De las Indias al ”lago español”

Simultáneamente con los arduos conflictos europeos prosiguieron las exploraciones y conquistas por América y el Pacífico, desde la Patagonia hasta Oregón y el tercio sur de la actual Usa, fueron expulsados los hugonotes que pretendían conquistar Florida, repelidos muchos ataques corsarios, descubiertas cientos de islas del Pacífico (todavía con nombres españoles bastantes de ellas este océano fue conocido informalmente como “el lago español”).

Se asentó la colonia de Filipinas, la ruta comercial entre China y Nueva España, y por las islas Filipinas, Salomón y Nueva Guinea. Sorprende el número de destacados exploradores, conquistadores, colonizadores, misioneros y cronistas que jalonan estas empresas. No cesaron de fundarse ciudades, de construirse vías de comunicación y obras públicas, y se acuñó moneda, lo que no admitirían otros imperios en sus dominios. Fueron creadas seis universidades (otra en Filipinas a comienzos del siglo XVII) y centros para las élites indias, hechos demostrativos del interés de los colonizadores en la educación superior; funcionaron imprentas en las mayores ciudades y comenzó un arte y literatura criollos siendo exponente de esta el Inca Garcilaso de la Vega. Millones de indios fueron bautizados, como ya se indicó.

De América vinieron alimentos que mejorarían la dieta europea, como la patata, el tomate o el maíz, también el tabaco; y el nuevo continente recibió nuevos cereales y frutas, la vid, la caña de azúcar y otras plantas, así como ganadería bovina, ovina y equina. A cambio de las importaciones de todo género, las posesiones americanas enviaban a España remesas de oro al principio y cada vez más de plata, al descubrirse las minas de Zacatecas en Méjico y Potosí en Bolivia. La plata se convirtió en un gran negocio dentro de las proporciones de la época (hoy se produce en un año más plata que toda la llegada de América en el siglo XVI), y las monedas españolas circulaban por todo el mundo. La plata, mucho más que el oro, ayudaba a la siempre apurada hacienda imperial, aunque no tanto como los impuestos de Castilla. La explotación de las minas solo podía hacerse con mano de obra de los indígenas, que según la ley no podían ser obligados; pero que lo fueron en las zonas próximas a las minas mediante expedientes seudolegales o por la pura fuerza, a veces en condiciones próximas a la esclavitud.

Fuente: blogs.libertaddigital.com