El mexicano en su laberinto: Nuestros mitos y atavismos

Hablar de la identidad nacional es a veces quedarse con un signo de interrogación, sobre todo en un país donde su diversidad étnica, geográfica y cultural habla más bien de varios Méxicos.

La historia mexicana es el recuento de las sucesivas crisis por las cuales ha atravesado el país incluso desde antes de su misma fundación. Esa historia es también la de la invención de la mexicanidad: su construcción artificial por medio de estereotipos propalados por los regímenes del nacionalismo revolucionario y de antiguos mitos de raigambre colonial. Lugares comunes arropados desde el Estado que no solamente lastran el crecimiento del país, sino que lo mantienen en un lastimoso impasse. Aquí, una breve revisión de algunos de los principales mitos de una “mexicanidad” celebrada por propios y extraños.

EL MEXICANO NO ES COMO LO PINTAN

El indio tumbado a la sombra del cacto, el macho alburero y fanfarrón y la hembra de abnegación casi musulmana, el pambolero chovinista y el burócrata altanero con el público pero servil con el jefazo. La propensión a la melancolía, al relajo y a la holganza; la devoción a la Virgencita y a la madre casi santa. Éstos parecieran ser, a primera vista, los trazos estereotípicos que pintan al “mexicano”. Sin embargo, difícilmente puede pensarse en un denominador común para los habitantes del territorio que se extiende de Tijuana —y más allá— a Cancún, del río Bravo al Usumacinta.

Fuente: msemanal.com