Neo racismo

Analizar la multiplicación de procesos violentos que remiten a la intolerancia entre las sociedades, aun dentro de sí mismas, es un proceso lento y seguramente angustiante. En última instancia, poco nos dirá sobre la naturaleza antropológica del “mal”, suponiendo que pudiera ser una constante humana, individual o colectiva, y particular de determinadas sociedades. No es así. Pero quieren hacernos creer que sí.

Comenzó con un debate en la Comisión Consultiva sobre los Derechos del Hombre realizado en París, cuando recién se iniciaba la década del ´90. El informe versaba primero sobre la inmigración y el papel que desempeñaba en la realidad y en el debate contemporáneo, cuando las naciones europeas no conciliaban una política común en tal sentido.

Sobre el trasfondo de la mutación urbana estaba la social, la crisis en la escuela, el esbozo de una segregación que se creía controlada, y que sin embargo renació de manera creciente. Primero consolidando en Francia al partido de Jean Marie Le Pen (que llegó a ganar en once Municipios), y luego extendiéndose veladamente a sectores que antes hubieran considerado una ofensa verse involucrados.

Pero lo cierto es que las poblaciones de origen magrebí (Norte de África), nuevos brotes de antijudaísmo (no “antisemitismo”, porque “semitas” es un término que involucra a más comunidades), incluso un rebrote de la marginación de los negros (salvo que jueguen bien a algo), fueron cobrando forma.

Fuente: noticiasyprotagonistas.com