Frito cajamarquino herencia inca y mestiza

No nos conformaremos con hablar de un solo plato, emblema de Cajamarca, lo incluiremos dentro de una delicia de variedades que un restaurante conocido exhibe en su carta. El Gran Cajamarquez, presenta a Cucharas y Tenedores y a sus lectores, una gran bandeja donde se lucen potajes incas y mestizos… como en las mejores mesas.

Deslindaremos en primer lugar, las delicias de la noble Cajamarca, de los sabores inconfundibles de Trujillo, que tiene también en su lista un plato con ese nombre.

El frito trujillano es una suerte de trozos de chicharrón de cerdo, colorado producto de su maceración en ají panca, acompañado de yucas fritas y su infaltable salsa criolla, plato ideal para el almuerzo; aunque en ocasiones, más de un osado también lo haya consumido a la hora del desayuno, donde no desentona en nada con la calidez de sus mañanas soleadas.

Este cajamarquino, en cambio, es producto del mestizaje, de ese que tanto me gusta hablar. Por un lado, cerdo reducido en sus menudencias, con azafrán y por el lado nuestro, papa deliciosa, cocida, deshecha, apurejada –si se me permite el término- como una forma de describir su textura. Una masa sin mucha forma, pero con delicioso color y sabores emanados de su fusión natural.

Fuente: generaccion.com