El jardín de Tolsá (Distrito Federal)

Don Manuel Tolsá, hijo de Juan Tolsá y Josefa Sarión y Gómez, nació en Enguera, Valencia. en 1757, y vivió en la capital de la Nueva España, ciudad de iglesias y palacios barrocos, hasta el advenimiento de su muerte el 24 de diciembre de 1816.

Tolsá, el genial director de Escultura de la Real academia de Bellas Artes de San Carlos Borromeo, prototipo de hombre de la Ilustración, descolló no sólo en este arte sino como autor de las obras edilicias, caracterizadas todas ellas por la pureza de las líneas clásicas y sus exquisitos diseños, que también abarcaron obras de orfebrería-en aleación de oro y plata con bronce llamada calamina-,realizadas en su taller del Puente del Cuervo.

Pero don Manuel, además de hacer obras para el prójimo, se deleitó en un jardín creado a su capricho: el Jardín de Tolsá.

EI hermoso espacio estuvo situado al costado poniente de Ia Alameda, a espaldas deI convento de San Diego, separado de éste por un angosto callejón y delimitado deI lado sur por “una casa pequeña detrás deI propio convento”, como se asienta en Ia escritura de 1841 que agrega también: “voltea al sur dirigiéndose al poniente” de Ia desaparecida capilla deI Calvario. En el costado norte, sus límites estaban muy próximos a Ia antigua calzada de Tacuba, en Ia porción donde aún se encuentra Ia Plazuela de San Fernando (hoy Jardín), y a Ia iglesia de San Hipólito. En Ia arquería del lado norte corría el agua de Ios manantiales de Santa Fe, que derramarían en Ia Fuente de Ia Tlaxpana, para proseguir por San Cosme y Puente de Alvarado hasta terminar en el Puente de Ia Mariscala. AI poniente lindaba con el Paseo Nuevo y al sur con Ia Calzada deI Calvario, a breve distancia de La Acordada.

La casa habitación de don Manuel Tolsá constaba de cuatro piezas; en Ia sala había una chimenea y dos puertas con vidrieras que inundaban de luz Ias habitaciones.

Para entrar al Jardín era preciso esperar a que el portero abriera el zaguán, quien habitaba un cuarto en el lado derecho de Ia entrada. EI Jardín que medía cerca de 17 296 m, según consta en el documento citado, daba a Ia casa que tenía Ia forma, muy usual en Ia época, de alcayata. Este espacio constaba de un enlosado adornado con arriates de Iadrillos que amparaban “sembradíos de diversas plantas y flores”, y estaba adornado con una fuente de piedra chiluca de forma elíptica tan deI gusto de Tolsá. Traspasado este bonito patio se accedía al Jardín propiamente dicho: cinco fresnos grandes y dos chicos darían sombra y bienvenida al visitante, quien por Ios distintos senderos podía disfrutar deI paisaje conformado por 120 árboles con diversos frutos. Es fácil imaginar a don Manuel sentado en alguno de Ios 46 bancos grandes, o en uno de Ios dos chicos, con su esposa doña Luisa Sanz y Téllez Girón y sus hijos: Ignacia, Cirilo, Dionisio, Antonio, José María, Manuel y Ios pequeños Eugenio y Romualdo. A un lado de este lugar de descanso había dos boliches techados con tejamanil, que eran disfrutados por Ia familia y amigos de don Manuel, como Fabregat y Gimeno.

En Ias luminosas tardes de octubre, Ia familia Tolsá Sanz subía al mirador cubierto, sostenido por pilastras, a admirar los volcanes y Ias cúpulas y torres de San Diego, San Fernando, San Hipólito, próximas a Ia casa, y, un poco más distantes, Ias de San Juan de Dios y Ias de Ia Santa Veracruz; esta última con sus puntuales repiques muy sonoros, debido, según se decía, a Ia gran cantidad de plata que contenían sus campanas y a Ia pureza deI aire deI valle. Desde allí, también resultaría divertido contemplar y escuchar los pregones de aguadores, mecapaleros, mantequeros y demás pintorescos personajes que serían inspiración de dibujantes y pintores, y tema de descripción en los libros de apuntes de viajeros. Por Ia tarde, don Manuel degustaba en el mirador su pozuelo de chocolate en Ia mancerina, mientras disfrutaba también de Ia lectura de algún buen libro de su vasta biblioteca.

La biblioteca, tal como lo registra el inventario de sus bienes, era Ia de un ilustrado que no sólo tenía los obligados tratados de arquitectura como EI arquitecto militar de Medrano o Ia Geometría, mineralogía y navegación, sino obras sobre Trages de España y flores Ias de Antonio de Pons, el viajero e historiador de arte, y Ias obras deI agustino padre Benito Feijoo, Theatro crítico universal publicadas en 1730, que influyeron en Ias ideas novedosas y revolucionarias de Ia Ilustración.

Es en esta época cuando saldría a Ia luz, durante excavaciones en Ia Plaza Mayor, Ia Piedra deI Sol y Ia siniestra e imponente Coatlicue; esta última volvería a recubrirse durante algunos años mientras su oscura belleza era debidamente digerida. Sin embargo, don Antonio de León y Gama haría su Descripción histórica y cronoIógica de Ias dos piedras que con ocasión deI nuevo empedrado que se está formando en Ia pIaza principaI, se haIIaron en eI año de 1790 (México, 1792). Tal obra no podía faltar en Ia biblioteca de don Manuel Tolsá, como estarían Ias de Buffon La Fontaine, Quevedo, Historia de Ios romanos, La Eneida de Virgilio y Ia Vida de San Ignacio, además de otras obras que no cabe aquí listar, todas ellas reflejo deI ecléctico buen gusto, de los intereses y de Ia vasta cultura de su dueño.

EI gusto refinado de Tolsá igualmente se reflejaba en los cuadros y estampas que decoraban su casa. En el salón colgaba una copia de Ia lnmaculada Concepción deI valenciano Mariano Salvador Maella (1739-1819), director de Ia Academia de San Fernando y contemporáneo de Tolsá. Había además cuatro bellos “floreros” de San Juan Espinosa (fines deI siglo XVII-XVIII) ; una pintura al óleo de Ios Reyes Católicos, con su marco dorado, copia de Velázquez, así como una alegoría de Carlos III grabada por Carmona.

Tenía también en su salón una estampa apaisada de Ia Vista de Ia PIaza de Mégico en Ia que luciría, en Ia elipse ideada por él, su obra más encumbrada: Ia escultura ecuestre de don Carlos IV .EI conocido grabado estaba dibujado por don Rafael Ximeno, director de Pintura de Ia Academia, y grabado por don Joaquín Fabregat, director de Ia propia Academia. Ignoro si algunos de Ios pebeteros de cantera que coronaban el barandal de Ia elipse, adornarían el Jardín como decoran en nuestros días Ias bancas deI Paseo de Ia Reforma, y que Ios vándalos se empeñan en pintarrajear y destruir.

Pebeteros o urnas semejantes adornaban igualmente el jardín deI casco deI ingenio azucarero de Oacalco en Morelos, otra de sus obras.

EI interesante inventario de cuadros, estampas, muebles y adornos de Ia casa de don Manuel Tolsá, así como su biblioteca, dan fe deI refinado buen gusto que perdura en sus obras. En Ia descripción deI Jardín, hecha en 1841, poco antes de su venta a don Juan Béistegui, aún había “265 pedestales de mampostería de 2 varas y medio de alto […] para poner macetas”, Ias que posiblemente tendrían una cierta semejanza con Ios pebeteros o urnas neoclásicas tan deI gusto de Tolsá. En 1807, don Manuel quiso ampliar el Jardín hacia el lado sur; para ello escribiría eI 15 de septiembre de 1807 esta carta: Ante V.I. con el más profundo respeto comparezco y digo:

Que habiéndome cedido anteriormente V.I. el terreno pantanoso que media entre Ia última Capilla del Calvario, frente a La Acordada, hacia el ángulo que forma el Paseo de Bucareli, con el que va a San Fernando, ruego y encargo de V.I. que hizo al Excmo. Sr. Arzobispo Francisco Xavier Lizana [ de Lizana y Beaumont, 1802-11], he tenido a bien profanar el trozo de terreno que S.E. cedió para cementerio en Ia penúltima epidemia de viruelas hace más de 35 años […] con todo el mayor decoro condicionándolos [Ia osamenta] en un carro cubierto y tránsito despoblado. Vuestra Señoría Ilma. suplico a bien esta mi sumisa súplica.

Estos restos humanos de Ias víctimas de Ia epidemia, con todo respeto y solemnidad recibirían cristiana sepultura en el osario deI convento de Ias religiosas de Santa Isabel, donde tendrían el privilegio de sufragios cotidianos.

Las relaciones de Ias “isabeles” con don Manuel Tolsá siempre fueron amistosas, En 1809 pidió 33 mil pesos al 5% por diez años, a Ias arcas de Ias religiosas, dando como hipoteca algunas de sus casas del frente de los Arcos con valor de 94,467 pesos; dos casas en el callejón de Ia Santa Veracruz valuadas en 24,950 pesos y tres casas en el Puente de los Gallos con un valor de 24,315.

EI préstamo, así como Ia solicitud deI traslado de Ios restos, se hicieron con el fin de abrir Ia calle para que el Jardín tuviera entrada detrás deI Callejón de San Diego, y por esta vía conseguir una Iibre comunicación con el paseo de Ia Alameda. EI propósito de estos accesos, según Tolsá, era convertir “Ia parte más indecente de Ia ciudad en una de Ias partes más deliciosas de Ios paseos”.

Don Manuel, enamorado de su Jardín, Io disfrutó hasta su muerte en 1816, Pocos anos después fue rematado al mejor postor junto con sus otras fincas. En su testamento de 1801, hay una partida escrita de su puño y letra que dice: otra casa detrás de Ia cerca de San Diego valuada en treinta mil pesos, debiendo advertir que con posteridad a esos avalúos se han hecho varias obras, conseguí merced de agua y construí, lo que aumentó el valor como ocho o diez mil pesos.

Fuente: México en el Tiempo No 8. agosto-septiembre 1995