Criollos sin indios y republicanos sin mestizos

La primera conquista imaginaria de lo que luego sería denominado como Venezuela fue desde la palabra. A partir del momento en que la urgencia foránea por nombrar y definir se unió a la religión y a la ley, el ignoto espacio de lo que sería Venezuela comenzó a ser reconocido desde la mirada europea. Esta necesidad de domesticar lo desconocido y salvaje se instituyó como un acontecimiento primario que le daría cuerpo a los posteriores discursos sobre la formación de la nacionalidad.

La toponimia indígena da evidencia de que el espacio que se conocerá como Venezuela ya estaba nombrado antes de la llegada de los europeos. Voces como Acarigua, Coro, Cumaná, Guanare o Caracas, entre otras, fueron el producto de nombres dados por oleadas de población de diferentes grupos indígenas pertenecientes a las familias lingüísticas arawak, chibcha y caribe, que habitaban zonas de la región oriental, occidental y centro costera, respectivamente.

Si bien estos espacios ya reconocidos y nombrados por los vernáculos serían los puntos de partida para que los recién llegados comenzaran una nueva reconquista, sus nombres no aparecerán en el primer mapa donde se escribirá, por primera vez, el nombre de Venezuela.

Fuente: elpais.com