Independencia nacional y la identidad continental

Hablar de humanismo en estos tiempos puede sonar raro sobre todo cuando el sistema capitalista exige eficiencia, eficacia, competividad y libre mercado; o cuando los políticos más reaccionarios enarbolan un humanismo cristiano en pleno continuismo golpista. En sentido estricto, la noción de humanismo está en los fundamentos de las ideas liberales, que es parte del núcleo del actual neoliberalismo.

Pero se puede introducir nuevos contenidos al humanismo y rescatar algunas características de la vieja aspiración renacentista de crear una personalidad total, íntegra, que consideraba a la persona como un ser emotivo, racional y voluntarioso, tolerante, solidario y respetuoso de los demás. Elementos que han sido dejados de lado por los actuales representantes del pensamiento neoliberal que hablan de humanismo pero tratando de no hacer real tal concepción. Del mismo modo hablan de cultura, identidad, valores cívicos y nacionales como puros lugares comunes, útiles en el “discurso” tradicional que los entiende como elementos fijos, eternos, que se imponen en el aula o en la familia.

Parece que la mención de esas nociones es algo serio, sobre todo en septiembre cuando han ocurrido tres eventos importantes: el haber superado la colecta de firmas para convocar la Constituyente, el extraordinario desfile masivo por la verdadera independencia organizado por la Resistencia Popular en Tegucigalpa y la brutal represión policial desatada en San Pedro Sula dejando destrucción, dolor y sangre en las cálidas calles de esa ciudad. Todo ello sucedió en un solo día. Entonces, cómo hablar del humanismo cristiano de los gobernantes cuando las condiciones del golpe de estado se mantienen; cómo hablar de identidad y cultura cívica en los tiempos violentos del neoliberalismo; con qué argumentos puede debatirse cuando la muerte ronda en las ciudades y en el campo.

Fuente: alainet.org