El grito de Dolores

En la época colonial, los indios y mestizos vivían sometidos al yugo de los españoles peninsulares. Prevalecían los intereses de los comerciantes, terratenientes y dueños de las minas de oro y de plata, que explotaban la fuerza de trabajo de los hombres, mujeres y niños.

Es ilustrativo saber que los planes de independencia del cura Hidalgo los había pensado ejecutar en diciembre de 1810. Al descubrirse la conspiración, se adelantaron para el mes de septiembre de ese mismo año. Así, el sábado 15 de septiembre por la noche, aprovechando una reunión que se realizaba en su casa en el pueblo de Dolores, el cura Hidalgo dijo a sus amigos insurgentes: “Señores: se me ocurre una idea y ésta es nuestra verdadera salvación”.

Los acompañantes escucharon atentos sus palabras. “Vamos Ballesa: en este momento, sin perder el tiempo, me vas a aprehender a los eclesiásticos gachupines. Tú Mariano a los comerciantes gachupines. Aldama, lo mismo, y Santos Villa, con la misma comisión. Todos a la cárcel sin tocar sus intereses”. Las instrucciones del Padre de la Patria tomaron por sorpresa a los presentes.

En horas de la madrugada del domingo 16 de septiembre los campesinos, acostumbrados a pasar a la iglesia a escuchar misa, empezaron a formar grupos con el fin de esperarla y, como pasara un gran rato sin llamarla, empezaron muchas gentes a notarlo sin acertar, por entonces, con el motivo de aquella tardanza.

No faltó quien les empezara a informar la posibilidad de que no hubiera misa porque Hidalgo en la noche anterior había mandado a aprehender a todos los gachupines y todos se hallaban en la cárcel. La noticia fue recibida con estupor, sorpresa y alegría, en respuesta a las formas tiranas con que los españoles trataban a los subordinados.

Al instante la gente se aglomeró frente a la casa de Hidalgo, quien consideró que era el momento de hablar a la multitud e informar los motivos de realizar un movimiento de grandes alcances. Valoró que había llegado el momento de explicar las razones del movimiento de lucha. Con pasos firmes salió al zaguán de su casa y expresó este mensaje a los atónitos hombres del campo. Estudiosos de la historia nacional reconocen este mensaje como el “Grito de Dolores”.

“¡Mis amigos y compatriotas! No existe ya para nosotros ni el rey ni los tributos. Esta gabela vergonzosa, que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de la tiranía y servidumbre, terrible mancha que sabremos lavar con nuestros esfuerzos. Llegó el momento de nuestra emancipación, ha sonado la hora de nuestra libertad y, si conocéis su gran valor, me ayudaréis a defenderla de la garra ambiciosa de los tiranos. Pocas horas me faltan para que me veáis marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres. Os invito a cumplir este deber.

“De suerte que sin patria ni libertad estaremos a mucha distancia de la verdadera felicidad. Preciso ha sido dar el paso que ya sabéis, y comenzar por algo ha sido necesario. La causa es santa y Dios la protegerá. Los negocios se atropellan y no tendré, por lo mismo, la satisfacción de hablar más tiempo ante vosotros. ¡Viva, pues, la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la América, por la cual vamos a combatir!”.

La multitud respondió con entrega a las causas del noble caudillo y aquel espíritu de libertad se difundió en aquella reunión con extrema rapidez. Con ese llamado a combatir y sacrificar la propia vida por la libertad, Hidalgo, Allende, Abasolo, Aldama y muchos más encabezaron la lucha para romper las cadenas de la explotación, la barbarie y la esclavitud.

Fuente: yucatan.com.mx