Racismo, factor clave en los mexicanos sentenciados a muerte

1. Visitas cotidianas a los centros de reclusión.
2. Comunicación continúa con abogados, fiscales y jueces.
3. Nexos de comunicación permanente con los familiares de los sentenciados o sujetos a algún proceso.
4. Obtención de evidencias como registros médicos, certificados de antecedentes penales. Pueden significar la diferencia entre una sentencia de pena de muerte y una de otra naturaleza.
5. Cuando la situación lo amerita, el consulado respectivo paga los gastos de traslado de testigos que radican fuera de Estados Unidos e incluso de expertos en psiquiatría y aspectos sociales.

El diputado aseveró que existen algunos mitos en ciertas partes de Estados Unidos donde se asocia a migrantes hispanos y particularmente mexicanos con cuestiones negativas, delitos, drogadicción y promiscuidad. “Es totalmente falso, hay estudios que reflejan lo contrario, donde se especifica que los hispanos son mejores ciudadanos que los norteamericanos”. Prueba de ello son las investigaciones de Arturo Cervantes, doctor en Salud Pública, epidemiología y ecología humana, y maestro en demografía y salud poblacional, ambas por la Universidad de Harvard.
En estudios con inversiones de más de 25 millones de dólares, Cervantes concluyó de manera contundente que los hispanos en Estados Unidos presentan menos incidencia delictiva, asociación delictuosa y consumo de drogas que la mayoría de la población de otras razas.
La investigación plantea una paradoja, pues a pesar de que las comunidades hispanas no cuentan con los mismos ingresos, salud y nivel de educación, son más saludables en términos sociales y fisiológicos que otros habitantes norteamericanos, por lo que el prejuicio que sufren los migrantes, donde se les asocia con delincuencia y a los hispanos con drogadicción, es infundado.

El diputado Cortés Jiménez rechazó tajante la pena de muerte; dijo que la cuestión del “ojo por ojo” no prueba alguna baja en índices de criminalidad. “El castigo máximo llega a la potenciación de la conducta violenta, es decir, si ya sé que me la voy a jugar, pues me la juego más. No resulta algo eficaz para lo que es esperado. No se ha probado que con esta pena descienda el índice de criminalidad”.

Fuente: elobservadordiario.com