El verdadero fondo

Por: ESTEBAN MOCTEZUMA

El enfrentamiento del PAN de Felipe Calderón y del PRD de Andrés Manuel López Obrador es la punta del iceberg histórico de México. Estamos presenciando una lucha originada desde la Conquista, que los mexicanos no hemos resuelto porque no queremos reconocer nuestros defectos.

En la formación de nuestro país se identifican varias etapas caracterizadas por el dominio de grupos diferenciados económica, social y racialmente. Y aquí entramos al meollo del asunto.

Al involucrar lo racial, no se aborda este análisis por ser “políticamente incorrecto” y hoy, en pleno siglo XXI, México aún no define su futuro porque no tiene resuelto su pasado.

Muchos países han analizado su historia críticamente para remover injusticias, cargas y complejos que obstaculizaban la unidad y confianza internas. En Estados Unidos, la autocrítica abarcó la matanza de indios por su ejército, al mando de generales como Custer, o el exterminio de su alimento básico, por personajes como Búfalo Bill.

España dejó de hablar del descubrimiento de América y elaboró el concepto de “encuentro de dos mundos”. El propio Vaticano revisó su postura ante el nazismo y admitió su error colaboracionista. En México, aún no enfrentamos hechos históricos cuya expresión política y social nos afecta hasta el día de hoy. Me refiero a que la conquista transformó al indígena de grupo dominante, a ser un pueblo esclavizado y discriminado por los peninsulares.

Posteriormente, los mismos españoles fueron desplazados por sus propios hijos nacidos en México, los criollos. La Independencia fue precisamente la negación por los criollos del orden establecido por España, utilizando la fuerza indígena.

En el México independiente, aunque los indígenas fueron liberados de la esclavitud por Miguel Hidalgo, su situación socioeconómica no varió respecto de la Colonia, manteniéndose en los últimos lugares de la escala social y de la escalera de oportunidades económicas.

Posteriormente, con el crecimiento de la población mestiza, los mexicanos producto de la unión criolla con la indígena, se revelaron contra el dominio de los primeros. La Revolución Mexicana fue precisamente, la búsqueda del poder por los mestizos contra el orden establecido por los criollos. Aunque el análisis histórico, desde una perspectiva racial parece excesivamente simplificado, no me queda la menor duda de que es esencialmente correcto. Después de la Revolución, surge una nueva división social del trabajo, en donde el poder político quedó en manos de los mestizos y el poder económico se mantuvo en manos criollas. El grupo indígena volvió a quedar rezagado.

En su organización política, el partido que finalmente representó a los mestizos fue el PRI y el que aglutinó a los criollos, fue el PAN. Pero los contactos y aprendizajes internacionales del PRI en el ejercicio del poder le enseñaron, primero, a ser incluyente y después, a incorporar en su plataforma ideológica, principios antes reservados por el PAN. Esto provocó un desgajamiento del que nació el PRD enarbolando el nacionalismo mestizo, antes priísta.

Hoy resurge crudamente el enfrentamiento entre las culturas mestiza y criolla, pero bajo la cubierta de PRD y PAN. No se trata sólo de dos candidatos en un alegato post electoral, no. Es algo mucho más profundo, es la disputa por la Nación, es el enfrentamiento entre dos formas de ver al país y al mundo, entre dos concepciones del poder público, la vida, la historia y el futuro. Visiones que no se enfrentaban directamente porque México contaba con un “colchón” mediador, llamado PRI, incapaz ahora de amortiguar el gran enfrentamiento histórico entre grupos de mexicanos. Aprovechemos esta coyuntura no sólo para resolver la elección, sino el sordo racismo que exacerban ambos extremos.

Fuente: novenet.com.mx