Brasil debate si tiene un problema racial

A lo largo de todos los años que pasó como jugador y árbitro de futbol, dice Jose de Andrade, nunca sintió que ser negro lo hubiera sometido a un trato discriminatorio. Sin embargo, eso fue antes del ominoso juego de la liga policial que supervisó aquí el pasado diciembre.

Ese día, según cuenta, un retirado coronel de la policía, airado por la penalización de uno de sus compañeros de equipo, le dijo a Andrade que era un ”mono” y que su piel era del color del excremento. Otros testigos coinciden en esta versión.

Lo que ocurrió después ha sido una lección para Andrade, de 36 años, sobre las complejidades de la política racial de Brasil. Entabló una querella penal contra el coronel Antonio Chiari, acusándolo de difamación, calumnias e ”incitación al racismo”. Pero el club de los agentes de policía que le daba empleo a Andrade lo presionó para que retirara su demanda o aceptara una compensación económica fuera de los juzgados, dice. Tras no aceptar fue acosado por la policía.

”Yo nunca imaginé que tendría que pasar por una situación de esa naturaleza”, dijo, en una reciente entrevista en su casa, localizada en un barrio de clase obrera en esta ciudad de 10 millones de habitantes, la segunda y más cosmopolita de Brasil. “Seguro, como árbitro te acostumbras a los hinchas que profieren muchos insultos y jugadores que se enojan ante tus decisiones. Pero esto fue diferente, y me sacó las lágrimas”.

El caso de Andrade ha reverberado a lo largo de Brasil, que cuenta con la mayor población negra fuera de África, en parte debido a un creciente debate acerca de la raza en todo el país. El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ya propuso un Estatuto de Igualdad Racial que instituiría cuotas raciales en universidades y empleos, pero sus opositores sostienen que una legislación de ese tipo fomentaría tensiones raciales y resentimiento.

Si bien existe una firme correlación entre la piel blanca y el estatus social y económico, a los brasileños les enseñan a pensar que su país es una democracia racial. La opinión tradicional, asentada en No somos racistas, un nuevo libro entre los más vendidos que critica las cuotas, es que contrariamente a ”una sociedad segregada como Estados Unidos”, las instituciones de Brasil están “completamente abiertas a personas de todos colores y nuestro marco judicial e institucional es totalmente ciego al color”.

Brasil cuenta con un extenso estatuto en contra de la discriminación, aprobado más de 10 años atrás. Sin embargo, el número creciente de grupos que promueve derechos igualitarios para el segmento negro destaca que nadie, ni una sola vez, ha cumplido una condena en la cárcel por violar las cláusulas raciales contenidas en la ley.

”Somos un país en el que la mayoría no es blanca y merece que sus derechos sean reconocidos”, dijo la abogada de Andrade, Telma Beatriz Villas-Boas, quien es blanca. “José se sintió obligado a defenderse y buscar justicia debido a que tiene hijos, por lo cual alberga la esperanza de establecer un precedente que les permita evitar este tipo de humillación. No quiere dinero, solamente desea respeto”.

La querella de Andrade, actualmente ante los juzgados, también ha captado la atención debido a que involucra al futbol, la pasión nacional. Los deportes y el entretenimiento son dos de los pocos campos en los que han florecido brasileños negros y mestizos, representando más de la mitad de los 185 millones de habitantes del país, supuestamente debido a que ambos son campos en los que el talento es todo lo que cuenta.

Fuente: miami.com