Un error de 1,100 kilómetros

En lugar de encontrar una verdadera solución al problema de los indocumentados, Estados Unidos está usando la fuerza. Otra vez. El gobierno norteamericano está enfrentando el tema de la inmigración ilegal como si fuera una guerra y no lo es.

Es increíble que en el Congreso de Estados Unidos haya tanta gente convencida de que un muro va a detener la entrada de indocumentados provenientes de México y del resto de América Latina. Es de una suprema ingenuidad.

¿De verdad creen los 80 senadores y los cientos de representantes del Congreso norteamericano, que votaron a favor de la construcción de un muro de 1,100 kilómetros, que eso va a detener a un joven con hambre?

En lugar de encontrar una verdadera solución al problema de los indocumentados, Estados Unidos está usando la fuerza. Otra vez. El gobierno norteamericano está enfrentando el tema de la inmigración ilegal como si fuera una guerra y no lo es. México no está en guerra contra Estados Unidos; los inmigrantes que cruzan al norte no son de Al Qaeda.

Los congresistas, en su mayoría republicanos, que votaron a favor de la construcción del muro no quisieron ver al largo plazo. Vieron, de manera miope, a las elecciones congresionales del martes 7 de noviembre. El mensaje para los votantes era: “Miren lo que estamos haciendo, voten por nosotros”.

Pero en realidad no hicieron nada. Aprobaron, sí, US$1,200 millones para un muro que no va a servir para nada. Nada. La inmigración indocumentada es como un torrente de agua; al enfrentarse a un muro se va por los lados. El medio millón de indocumentados que anualmente vienen a vivir a Estados Unidos cruzarán, sencillamente, por donde no haya muro o donde no haya mucha vigilancia.

La gran ironía es que una buena parte del muro quizá sea construido por los propios inmigrantes indocumentados que pretende espantar.

El problema de la inmigración ilegal es económico. Mientras haya desempleados en México y empleos para ellos en Estados Unidos, seguirán viniendo. Mientras un mexicano que gane US$5 al día en su país pueda ganar eso mismo en una hora en Estados Unidos, seguirán viniendo.

Cada minuto un indocumentado se cuela a Estados Unidos. Cada minuto. Con muro o sin muro. Y eso no va a cambiar.

Si los congresistas realmente hubieran querido resolver el problema migratorio, tendrían que haber incluido dos cosas esenciales en la nueva ley: la legalización de los 12 millones de indocumentados que ya viven en Estados Unidos y visas (o un programa de trabajos) para los 500,000 que llegan cada año. Pero no quisieron. Prefirieron jugar a la politiquería, apostar a reelegirse en unas semanas y postergar la solución de la principal crisis que ha enfrentado este país después del terrorismo. Los congresistas que votaron por aprobar la construcción de este muro dicen que es solo el primer paso, que ya luego vendrá una “reforma migratoria total”. Pero en la política (como en la vida) es inútil tratar de controlar el futuro. Solo cuenta lo que vivimos día a día.

Fuente: laprensagrafica.com