Claves para entender la confrontación en Bolivia

Una alta tasa de migración social mezcla en los departamentos a gente totalmente diversa, proveniente de lugares diferentes. La existencia de grupos que creen ser racialmente puros –sean aimaras o blancos–; altos índices de racismo y de discriminación; un alarmante índice de desconocimiento de las culturas que viven y se desarrollan en nuestro país y una incipiente interacción entre ellas, son algunas de las claves que nos permiten entender la reincidente confrontación entre bolivianos.
Una encuesta realizada por la Fundación UNIR, denominada Diversidad cultural hoy, se enfrentó con importantes hallazgos que permiten entender la conflictividad en Bolivia y dio luces sobre temas no habitualmente abordados por temor a hurgar en un hueco altamente sensible como es el de profundizar sobre racismo, sobre apellidos, en fin, sobre prejuicios, que impiden una relación de mayor confianza entre bolivianos.

Primera clave: la migración

“En promedio, cinco de cada diez bolivianos no nacieron en el lugar en el que actualmente viven, lo que demuestra que la alta movilidad social y la concentración en centros urbanos es una realidad a la que no podemos cerrar los ojos”, afirmó Antonio Aramayo, miembro de la Fundación UNIR, al explicar los alcances de la investigación.

La migración se concentra en ciudades como Santa Cruz, El Alto, Tarija y Cobija. Exceptuando la ciudad de El Alto, el resto de las ciudades concentra la riqueza hidrocarburífera y forestal del país, además de contener a la tierra más productiva y, por tanto, genera más posibilidades de encontrar trabajo y mejores condiciones de vida. Por eso, estas ciudades, según la encuesta, reciben migración de otras ciudades capitales, a diferencia de El Alto, por ejemplo, que recibe migración interdepartamental, es decir, de poblaciones rurales del propio departamento.

La migración, en sí misma, no es un factor que origine confrontación. Más bien, facilitaría la interrelación e interacción entre diferentes culturas, formas de ver la vida y costumbres y, en muchos casos, una simbiosis interesante entre culturas diferentes. Pero la migración, así como origina encuentros también causa desencuentros que causan tensionamiento y hasta resentimiento. “La gente no migra hacia otros departamentos porque sí, sino porque tiene varios objetivos, como acceder a un pedazo de tierra, mejorar sus ingresos y sus niveles de vida o la posibilidad de educarse mejor. En un país como Bolivia, el vivir en la ciudad siempre será mejor que vivir en el área rural. Sin embargo, es posible que el migrante no pueda realizar esos objetivos, que sea tratado con hostilidad, excluido y discriminado. No puede o no lo dejan asimilarse a ese nuevo contexto y entonces viene el desencuentro”, explicó Aramayo.

Segunda clave: autoidentificación

La encuesta también reveló que existe una mayor valoración de lo originario, pues quienes antes se declaraban mestizos hoy reivindican su origen indígena.

Cuando se consultó a los encuestados si consideraba que era blanco, mestizo, indígena o negro, siete de cada diez respondieron que mestizo. Esto marca una diferencia frente al Censo de 2001, en el que no se incluyó el mestizaje como opción de autoidentificación. Cuando a esas mismas personas se les preguntó si pertenecen a un pueblo indígena, el 65 por ciento respondió que sí.

“En esta respuesta encontramos que ha aumentado notablemente la valoración de lo indígena con relación a cinco años atrás”, evaluó Aramayo. Es decir, muchos de los que se consideran mestizos también se identifican como miembros de una nacionalidad originaria.

Con relación al Censo 2001, también han disminuido aquellos que no se consideraban indígenas. Mientras que en la consulta nacional el 47 por ciento de los censados se incluyó en la categoría “no indígena”, en la encuesta realizada por UNIR ese porcentaje bajó a 35 por ciento.
Esta diferencia se compensa en la autoidentificación con las distintas nacionalidades existentes en el país. En el Censo 2001, los aimaras alcanzaban al 23 por ciento, mientras que en la encuesta suman el 30 por ciento. Los quechuas, en el censo el 24 por ciento, en la encuesta 27 por ciento. El resto de las nacionalidades aumentó en un punto.

“La encuesta ratificó lo que es nuestro país, finalmente somos mestizos, pero también tenemos una relación muy fuerte con los aimaras, los quechuas, los guaraníes o los chimanes, por ejemplo”, reflexionó Aramayo. Esto se convierte en factor de confrontación cuando se encuentra que, en el país, el nivel de aceptación de otras culturas es bastante bajo.

Clave número tres: la existencia de grupos que se consideran “puros”

Un 34 por ciento de los encuestados dijo no ser indígena, una gran mayoría de ellos se reconoce a sí mismo como mestizo, pero el resto es un porcentaje preocupante. “Un 20 por ciento de los no indígenas se considera blanco, nada de mestizo, no indígena, nada: blanco”, dijo Aramayo.

Es difícil entender que en un país “abigarrado”, como diría René Zavaleta, y con tan altos índices de movilidad social exista todavía gente que cree que en su sangre no corre la sangre de otras culturas, se le consultó a Aramayo. El calló unos segundos y respondió: “Todavía hay gente en este país –lo comprobamos el otro día en una entrevista televisiva de nuestra directora Ana María Romero, en la que un señor llamó y lo dijo– que cree que el gran problema de Bolivia es el mestizaje y que deberíamos ser todos blancos. Lo bueno es que un 76 por ciento de las personas tiene una idea más cabal de lo que es Bolivia”.

Y el fenómeno se repite entre los que se consideran indígenas. Entre los aimaras por ejemplo, el 30 por ciento afirma que es aimara­aimara, frente a un 56 por ciento que se considera mestizo. Entre los quechuas, este porcentaje es de 14 por ciento, mientras que otro 56 por ciento se define como mestizo.

Y entre los indígenas en general, aunque con un cariz diferente, más ligado a rasgos fisonómicos, existe un nueve por ciento que se considera blanco. Basta viajar al valle cochabambino o a algunas regiones del oriente para ver indígenas de tez blanca y ojos verdes o celestes. Como se sabe, esto también fue resultado de la colonización española.

Más Claves:

Clave número cuatro: desconocimiento de los pueblos indígenas
Clave número cinco: no hay interacción entre y con los pueblos originarios
Clave número seis: alta discriminación
Clave número siete: racismo
Clave número ocho: poca aceptación a otras culturas

Fuente: la-epoca.com