Mestizajes diferenciados

Ahora me entero de que los “teóricos” del mayismo esencialista sí admiten que los procesos de mestizaje cultural o de articulación de las diferencias de hecho configuran las culturas guatemaltecas, pero dicen que resulta inconveniente postular el mestizaje como eje de un proyecto de nación intercultural porque eso pone en desventaja las reivindicaciones específicas de los indígenas, aunque el mestizaje sea la norma y no la excepción de nuestra unidad diversa.

El argumento tendría sentido y razón de ser si el mestizaje que se propone fuera el oligárquico y demagógico del crisol en el que todo se funde “felizmente” mediante un asimilacionismo ladinizante. Pero cuando hemos propuesto el mestizaje cultural y sus hibridaciones como eje articulador de las identidades y especificidades culturales, lo hemos hecho explicitando que nuestros mestizajes son muchos y no uno solo, y que los mismos se hallan hibridizados entre sí, conservando diferencias que los distinguen. Por eso les hemos llamado “mestizajes diferenciales”. En otras palabras, el mestizaje como eje del proyecto nacional democrático no equivale a ladinización, sino a conocimiento, conciencia y ejercicio de nuestros mestizajes diferenciados en igualdad de condiciones ante la ley, sin discriminaciones ni favoritismos.

Nadie en su sano juicio puede regatear la legitimidad de las reivindicaciones específicamente étnicas y culturales de los indígenas. Son justas e históricamente negadas a ese grupo social, económico y cultural. Lo que se cuestiona es el racismo y el fundamentalismo que ideológicamente envuelven las luchas por esas reivindicaciones cuando se las enarbola desde posturas esencialistas, culturalistas y superioristas, ya que estas solo pueden llevar a la confrontación violenta, y de hecho impiden el proceso de democratización interétnica que necesitamos para despegar en lo económico como país.

Cuando se argumenta que el destino de Guatemala es el mestizaje entendido como hibridación cultural, se quiere decir que lo que ha venido ocurriendo a lo largo de los siglos –la hibridación– se debe seguir realizando pero en condiciones igualitarias (de igualdad de oportunidades), tanto sociales y económicas como culturales. Esto implica una actividad política tenaz por las reivindicaciones indígenas, pero no para eliminar a los ladinos ni a los criollos, sino para equilibrar la lucha de clases y el ejercicio de las diferencias.

Los “mayas” y los indígenas son mestizos también, pero diferenciados entre sí. El mestizaje como eje de un proyecto intercultural de nación no equivale a la ecualización étnica sino al reconocimiento de que todas nuestras diferencias culturales existen como articulaciones que conforman un conjunto unitario de múltiples mestizajes diferenciados conflictivamente por relaciones económicas discriminatorias. No se trata del mestizaje que demagógicamente pretende igualar a todos en una “raza cósmica”, sino de aceptar y ejercer nuestras diferencias mestizadas para democratizar nuestras injustas relaciones económicas, en lugar de esgrimir la ilusoria “diferencia cultural” –esencializada y separatizante– como eje de un proyecto de nación multiculturalmente desarticulada, soñando con que existen ladinos, criollos, indígenas y “mayas” puros.

Autor: Mario Roberto Morales
Fuente: elperiodico.com.gt