Juan Diego tiene poco rating por racismo

En la antigua Basílica de Guadalupe, San Juan Diego todavía tiene un cuadro de milagritos semivacío por ser un santo indígena. Los católicos mexicanos le llevan apenas unas cuantas veladoras a su altar para adorarlo, porque prefieren a los santos extranjeros.

Ni los santitos están exentos de la discriminación, según el padre Juan Ortiz Magos, secretario de la pastoral indígena de la Arquidiócesis de México.

“Aunque en julio de 2002, el papa Juan Pablo II hizo santo al entonces beato de Cuautitlán para decirle al pueblo de México que no se olvide de sus antepasados, prevalece la discriminación contra los indígenas”.

Además de la apariencia, ser mexicano es el otro problema para el consentido de la Virgen de Guadalupe, explicó Ortiz Magos.

Hace 12 años, Juan José Barragán se destrozó el cráneo por una caída de 10 metros. El augurio científico después de este intento de suicidio: la muerte.

A los 13 días de lanzarse desde la ventana de su departamento en la colonia Del Valle, se levantó y salió caminando del hospital.

El milagro pasó justo cuando el papa Juan Pablo II vino a beatificar a Juan Diego y cuando Esperanza Silva, la madre del joven, le rezó al indígena por la vida su hijo.

La Iglesia de inmediato llevó a Roma el testimonio de Esperanza, para pedir la canonización, aunque nunca conoció al joven Barragán.

“Que el Papa lo canonizara, sólo era un reconocimiento legal, porque desde hace más de 400 años ya tenía este calificativo”, afirmó el padre Juan Ortiz.

A pesar de que la Iglesia demostró el poder milagroso de Juan Diego, el santo no ha logrado abarcar el terreno que tiene el santo de Galilea, San Judas Tadeo.

Fuente: vanguardia.com.mx