Inmigrantes sin voz

La rápida llegada de cuatro millones de inmigrantes (su número se ha multiplicado por seis en una década, hasta representar el 9% de la población) está dejando en «la mayoría de los españoles una imagen compleja, confusa y contradictoria» en la que conviven «elementos de comprensión y de rechazo». Aunque, como destaca Carlos Giménez Romero, antropólogo de la Universidad Autónoma de Madrid y director del Observatorio de las Migraciones capitalino, la reciente consideración de esa realidad social como «principal problema del país no es una buena noticia» y hace barruntar mayores tormentas. Máxime cuando sobran tópicos negativos en el imaginario colectivo y falta una mayor y mejor comunicación.

«Hablan de nosotros sin nosotros», se quejaba la directora de prensa de Canal Latino Televisión, Verónica Chelotti, en unas Jornadas sobre «Inmigración Latinoamericana y Medios de Comunicación» celebradas en la Casa de América. «No tenemos voz en las noticias», coincidía la redactora de la revista «Ocio Latino» Adelaida Villamil, «pero sí en la publicidad», donde se aprovecha para promocionar «productos exclusivos para inmigrantes».

En cambio, se lamentaba Giménez al enmarcar la imagen social del inmigrante durante unas jornadas sobre «Los retos de la postadopción» organizadas por la Universidad Pontificia Comillas,«muy pocos consideran una magnífica oportunidad» su aportación económica, fiscal y humana. Y ello cuando ya hay datos de que esta España desarrollada, sin ellos, ni podría seguir creciendo, ni podría cuidar bien a sus niños, mayores y personas dependientes.

Racismo sutil

Desde el Departamento de Sociología y Comunicación de la Universidad de Salamanca, Carlos Muñiz señala que el «encuadre negativo» del 70% de las noticias influye en una percepción ciudadana que revela ya «cierto racismo simbólico y sutil» y corre el «riesgo de convertirse en racismo discriminatorio». Pero, a su juicio, también corresponde a «los inmigrantes, a través de sus asociaciones, esforzarse por ocupar espacios como una fuente informativa más y ofrecer encuadres positivos» en vez de resignarse, como apunta Villamil, «a que las busquen cuando hay sucesos conflictivos para generar controversia».

Al celebrarse este lunes el Día Internacional del Migrante, que llama la atención sobre los problemas de más de 150 millones de personas que viven y trabajan fuera de su país natal, el gran reto sigue siendo la adecuada integración en la sociedad receptora, que pasa por la relación directa y el conocimiento mutuo.

Y mucho más en lugares como España donde el proceso migratorio ha sido vertiginoso y por momentos trágico, lo que exige un plus de reflexión y realismo. Como apunta Giménez, «los cayucos suponen 25.000 dramas tremendos, pero no pueden ocultar a los cuatro millones de extranjeros trabajando, cotizando, enamorándose y, en definitiva, ha-ciéndose españoles».

Esta es la realidad mayoritaria y cotidiana (el 90% llega en avión, apenas el 1,7% lo hace en embarcaciones) que se pierde bajo las dolorosas imágenes de Canarias y el Estrecho y entre los tópicos negativos sobre delincuencia o parasitismo, que exageran sucesos anecdóticos y olvidan que en comunidades autónomas como Madrid aportan la décima parte de la riqueza. Por eso los inmigrantes dejan ver su malestar ante el «espejo informativo» de su día a día y, como acaba de constatar un estudio de Bernardo Díaz Nosty, director del Departamento de Periodismo de la Universidad de Málaga, dos tercios se sienten reflejados «mal» (27,3%) o «regular» (35,2%) en las noticias

Fuente: EFE / MÁLAGA