Castacracia desesperada

La castacracia constituye un conjunto de familias señoriales, criollas y de mestizos aculturados, que desde la colonia gozan de los cargos públicos, de privilegios y de los recursos públicos. Estos cuatreros de la riqueza de las naciones incaicas, se organizaron con todo tipo de maniobras y estrategias para mantenerse en la administración de la colonia y la república. Al margen de usurpar los cargos y recursos públicos también usurparon nuestro territorio, nuestra tierra y nuestros recursos naturales para provecho de sus amos de turno: España, Francia, Inglaterra y Estados Unidos, potencias extrajeras a las que se sometieron por su tradición servil española.

A esta casta, se suman sus operadores de la ideologización cristiana que desde hace siglos forman a nuestros hermanos como hombres dóciles, serviles, mesurados, obedientes a las leyes divinas y a las leyes del hombre o la fiera rubia, todo con la finalidad de mantener a los castacratas en el poder y acceder ellos, a su estilo de vida, lleno de riqueza y lujo.

Ahora la casta junto a sus operadores, con acciones desesperadas pretenden ganarse a la clase media. Para ello, primero se movilizaron los operadores de la ideologización cristiana en supuesta defensa de la Iglesia Católica y su oficialidad, buscando aglutinar a través de la fe al conjunto de la clase media contra el gobierno popular e indígena de las mayorías; no habiendo obtenido que la clase media forme parte de sus filas, debido a la alta conciencia política de la misma; movilizaron a sus muchachos u operadores políticos con el falso argumento de defender los dos tercios de votos para la aprobación de la Nueva Constitución, pretendiendo hacernos creer que la democracia se reduce al pacto y acuerdo entre los elegidos o las fuerzas políticas con representación.

En esta vía, la casta y sus operadores, que antes eran defensores implacables de la institucionalidad y la ley, se tornan reaccionarios y violentos para defender sus intereses y privilegios; llamando a la desobediencia civil, llamando a la huelga de hambre para defender la democracia que ellos conciben, convocando a cabildos con la bandera de las autonomía, etc. Todo ello, con el firme propósito de seguir reinando y ejerciendo el dominio que hace siglos les habría otorgado cierto virrey terrenal de Dios, al declararles dueños de nuestro territorio, dueños de nuestras vidas y nuestras almas. Probablemente por esta bula papal aún se consideran con mayor derecho y defienden sus privilegios con la convicción absoluta de que solo ellos merecen una vida digna.

Entonces la casta y sus ideólogos católicos de forma desesperada y con acciones antijurídicas, se movilizan para seguir gozando del poder y mantenerse en la cómoda vida de hijos predilectos de dios, para seguir ejerciendo la propiedad de nuestro territorio y nuestras tierras, de nuestros recursos naturales y de la cosa pública. Y para cumplir sus propósitos, primero nos comulgan ideas socialmente racistas y segundo, pretenden mantenernos en un estado de conformismo, pidiéndonos que esperemos “la otra vida”, porque según ellos, nuestra pobreza y opresión de “esta vida” es la “gracia y voluntad de Dios” (Para lo cual recurren a las bienaventuzas del Evangelio). En cambio nuestras Huacas y Apus (deidades andinas), nos dicen que la justicia social y la justicia histórica las deberemos conseguir en esta vida, o seremos doblemente desgraciados en la otra.

Finalmente, los pueblos y naciones originarias de Bolivia no solo tenemos que liberarnos de la explotación económica, sino, debemos liquidar “la opresión de una castacracia inoperante y desesperada” que ha perdido todos sus recursos discursivos y su posibilidad de construir un proyecto político colectivo en siglos de haber usurpado el poder y enajenado nuestros recursos naturales; una casta que no ha podido siquiera constituirse en una oligarquía sólida y autentica, sino, que como es su condición servil y su incapacidad de administrar los bienes públicos robados a las naciones incaicas, fue sirvienta permanente de las potencias extranjeras de turno; Una casta que ahora viene enarbolando la Autonomía y la defensa de la democracia con la oscura intención de entregar nuestros recursos naturales a la voracidad de las transnacionales y así poder anular nuestras esperanzas y nuestra única posibilidad de construir un proyecto político colectivo nacional e incluyente.

Autor: Ademir M. Muñoz Soliz
Fuente: argenpress.info