Las siete leyes que pueden cambiar tu vida

Los datos más confiables nos remontan al Egipto pre-faraónico, donde surge el personaje que dicta “las siete leyes”, llamadas Herméticas en honor a Hermes Trismegisto (el tres veces grande), quién en sus enseñanzas nos muestra la forma de comprender e interpretar la vida a través de éstos siete principios, que aplicándolos en nuestra vida personal pueden darle un giro radical en la eterna búsqueda por alcanzar los niveles que nos permitan desarrollarnos y evolucionar en el camino de nuestra existencia hacia el origen y destino de la vida.

Hermes es muy claro en las dificultades y obstáculos a las que nos deberemos enfrentar cuando nos decidimos a seguir el camino de sus enseñanzas, y lo sintetiza en la siguiente máxima: “el que tenga ojos para ver que vea, y el que tenga oídos para escuchar que escuche”.

¿Quién es Hermes Trismegisto?

Hermes Trismegisto es considerado como el padre del tipo de saber que lleva su nombre: el hermetismo. El nombre de Hermes Trismegisto es de origen griego y significa “Hermes, el tres veces grande”, siendo Hermes un dios griego, más conocido por su denominación romana de Mercurio. Pero la identidad de Hermes Trismegisto, si es que tuvo una identidad individual, se pierde en la noche de los tiempos remontándose al Egipto prefaraónico, mucho antes de Moisés. Ciertas tradiciones hebreas lo consideran contemporáneo de Abraham.

Posteriormente Hermes Trismegisto se identifica con el dios Thot, es decir, el intermediario entre Dios y los hombres, por lo que algunos estudiosos opinan que Hermes fue deidificado, y otros que no es sino el aspecto humano de este mismo Dios. Otros creen que el nombre de Hermes Trismegisto no designa personalidad individual alguna, sino un conjunto de enseñanzas elaboradas en Egipto y enriquecidas a lo largo del tiempo.

Finalmente también hay quien sostiene que Hermes Trismegisto fue uno de esos grandes maestros espirituales que, descendiendo de esferas superiores, se encarnan en la humanidad para guiarla. Sus enseñanzas pasaron de Egipto a Grecia y los griegos se encargaron, como en tantas otras ramas del saber, de conservarlas y transmitirlas. Los misterios órficos y eleusinos, los pitagóricos, los filósofos presocráticos y Platón, fueron el vehículo fundamental de dicha transmisión, que también se realizó en parte a través del teatro griego. Posteriormente los neoplatónicos y, sobre todo, los gnósticos, difundieron este saber en el mundo romano y en el cristianismo primitivo por un lado y, por otro, sirvieron de base para su posterior propagación entre los árabes.

Existe un acuerdo unánime en que la sabiduría de los faraones, cuyo exponente máximo es el cuerpo de doctrina atribuido a Hermes Trismegisto, fue brillante depositaria de las enseñanzas de la tradición. Unos opinan que los egipcios heredaron directamente este saber de los atlantes quienes, tras la destrucción de su continente, hicieron un alto a orillas del Nilo en su éxodo solar hacia el Himalaya. Son en efecto sorprendentes las similitudes entre las manifestaciones externas de la cultura egipcia y las de las culturas latinoamericanas precolombinas (pirámides, momias, motivos ornamentales, etc.).

Otros consideran sin embargo que los padres del saber egipcio fueron los hindús y los caldeos, y que Egipto fue una etapa del reflujo hacia el Oeste a partir del Himalaya. No podemos responder aquí a esta cuestión que está ligada al problema de los ciclos de la humanidad y que exigiría vastos análisis. Pero deseamos insistir en el reconocimiento unánime de que Hermes Trismegisto fue depositario de las enseñanzas de la Tradición, de un saber que algunos consideran revelado, de origen sobrenatural.

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Fuente: Nuevoser.com