Los mulatos

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Las clases dominantes infiltran en el lenguaje términos de discrimen contra el pueblo que ese pueblo, en la vida común y escolar, aprende y repite pero, peor, asimila como verdad sabida.

“Mulato”, por ejemplo, es un término despectivo que los blancos de la clase dominante dieron a su mezcla con elementos de la raza y cultura negras.

Lo racional, justo y correcto es mestizo, como nombre del producto de la mezcla o híbrido de raza y cultura de esos cruzamientos.

El diccionario de la lengua española de la Real Academia, vigésima primera edición, 1992, Unigraf, S.L., página 1363, dice de mestiza o mestizo: “(Del lat. Tardío mixticlus, mixto, mezclado.) Adj. Aplícase a la persona nacida de padre y madre de raza diferente, y con especialidad al hijo de hombre blanco e india, o de indio y mujer blanca”.

Mestizo, pues, es mixto o mezclado y cabe en la definición, de manera perfecta, a los hijos de negros y blancas o blancos y negras que constituyen la mayoría de la población dominicana.

De “mulato”, el mismo diccionario, página 1415, dice: (De mulo, en el sentido de híbrido, aplicado primero a cualquier mestizo.) Adj. Aplícase a la persona que ha nacido de negra y blanco o al contrario”.

“De mulo”, entonces, viene ese “mulato” con el que el desprecio de los españoles blancos de la colonia bautizaron a los mestizos de blanco y negra o de negro y blanca que empezaron a nacer y a poblar esta tierra desde el primer cuarto del siglo XVI.

El mulo es un animal de tiro ‑animal, irracional, de trabajo‑ y con tal compararon los españoles a la descendencia mezclada de los esclavos, a los que también consideraban animales de tiro y no seres humanos. Además, y aquí viene lo perverso del término despectivo, y por no se sabe cuál determinación de la genética animal, la mula y el mulo son estériles y no pueden reproducirse.

Ese “mulato”, que el diccionario acepta y suaviza como un término más, como un vocablo racional, justo, común y corriente como los demás, implica una posición ideológica de discrimen, un prejuicio y una condena de clase dominante que sin lugar a dudas comparte la mayoría de las blancas y barbadas autoridades de la Real Academia.

Autor: JUAN JOSE AYUSO
Fuente: elnacional.com.do

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