Conciencia tercermundista en una sociedad global

En los primeros años del tercer milenio, hemos visto con enorme tristeza, que a males contra los que luchábamos, se añaden otros ya latentes, profundizando el abismo de los odios culturales y raciales. Y hemos visto también como mueren, en los atentados terroristas, miles de nuestros hermanos dejando en el dolor a sus hijos y familias, y un número aún mayor de hombres, mujeres y niños, en las guerras del oriente árabe.

Nosotros, los que toda nuestra vida hemos luchado por los derechos humanos, por una mayor igualdad entre razas, y credos, por una fraternidad universal, en un mejor nivel de vida acorde a la dignidad infinita de toda persona humana, no podemos menos de sentir que hemos caído muy profundo, y que tenemos que volver a empezar a subir la cuesta de la lucha, ahora armados con más banderas de problemas que habrá que resolver.

En años pasados hemos hablado de los grandes logros de la técnica que hace posible el milagro de producir comida para todo nuestro planeta, cosa que en siglos pasados era impensable. Pero también, de la realidad del hambre y la pobreza de las mayorías del mundo que no pueden alcanzarla. Y manejamos cifras que son vergonzosas para quienes tenemos lo necesario:

Una cuarta parte de la humanidad vive en pobreza extrema, dice la OIT, unos 1500 millones de hombres y mujeres disponen de menos de un dólar al día para subsistir.

En el tercer mundo, cerca de un tercio de la población vive con menos de un dólar por día. Sólo en los últimos 5 años la pobreza aumentó en 200 millones de personas en el tercer mundo. CEPAL.

América Latina vió aumentar sus pobres de 200 a 224 millones de personas de 1998 a 1999, dice le informe de la Cepal. El ingreso per cápita de la región fue de 3100 dólares en 1999, lo que no llega a representar el 30% de los países desarrollados y es menor al alcanzado en Asia y Europa Oriental. Es así que en los últimos 50 años América Latina cayó del segundo al quinto lugar mundial por regiones en materia de producto interno bruto per cápita, por delante solamente de África. El resultado es que el 40% de los 500 millones de habitantes están en la miseria.

En México en siete años (1992-2000) el número de personas en pobreza extrema aumentó a un 51%. Pasó de 13.6 a 20.6 millones de personas; mientras la brecha entre ricos y pobres se agranda cada vez más. El 20% de las familias concentra el 54% del ingreso nacional. (CEPAL Septiembre. 2000).

En esa batalla, donde había espacios que se habían ido ganando, y en la que de alguna manera íbamos avanzando, ahora vamos retrocediendo, y no sabemos hasta dónde. En los países desarrollados, la recesión, la falta de empleo -sólo la Ford planea el despido de 17,000 trabajadores- y los problemas psicológicos, sociales y materiales que esto plantea. En los países del tercer mundo, la recesión no sólo nos deja sin empleos, sino que los índices de la pobreza van en aumento, e irán todavía más, como lo señala el Banco Mundial. El Desarrollo de nuestros países, depende en gran parte de la prosperidad de los del 1er. Mundo, si éstos van para atrás, ciertamente nos arrastrarán.

Y no sólo la pobreza, sino que las barreras culturales, las actitudes y medidas defensivas de personas, grupos y países, y hasta los odios que se habían mitigado, vuelven a surgir con fuerza. La frontera de Canadá, que antes era el paso fácil de un lado a otro, se cierra, se arma, se vuelve un lugar de confrontación. Ni qué decir de la frontera de E.U. con México, pasar de un lado a otro toma horas y más aún si vienes en el autobús de los pobres.

En los países del norte, ser árabe, o tener la piel bronceada, es muchas veces motivo de discriminación y aún de insultos. En los países árabes el rechazo a occidente crece, es alarmante ver en la televisión los ojos llenos de odio de los niños armados. El entendimiento, que por años se ha ido trabajando, a nivel político, de organizaciones no gubernamentales, y de contactos personales, se dificulta más. El mundo optimista de la economía global, se fragmenta en lo político y lo social.

En este contexto se sitúa nuestra reflexión. Les invitamos exponer la manera como estamos viviendo este momento histórico, los unos en los países desarrollados, los otros en los países del tercer mundo; a compartir nuestras inquietudes, y las formas de lucha económica, política, social, laboral y ecológica que queremos desarrollar. Las situaciones nuevas piden soluciones diferentes. Que el Primer y el Tercer mundo, compartan su propuesta, que tratemos de entendernos y nos ayudemos a realizarla, buscando formas de compromiso personal o institucional, desde nuestras propias realidades, desde nuestras propias culturas para construir la sociedad que todos queremos, donde las injusticias y desigualdades sean una parte de la irracionalidad de la historia que fue superada por la tendencia hacia el bien de los seres humanos de buena voluntad.

Fuentewww.laneta.apc.org/rorac