Niñez mexicana, entre la espada y la pared

El Día del Niño es una de las celebraciones más promocionadas en México. No es para menos, después de todo los menores representan el futuro. Lamentablemente, miles de infantes mexicanos no tienen nada que festejar y enfrentan situaciones que ponen en peligro su desarrollo y el del país.

La seguridad de los niños es responsabilidad de sus parientes adultos o de las autoridades, en caso de faltar aquéllos. Pero la realidad es que cada día hay más infantes en condiciones de extrema vulnerabilidad. Abandonados por sus padres y asediados por un entorno ofensivo, los menores se las tienen que arreglar como pueden para sobrevivir.

El Distrito Federal es un buen ejemplo de las difíciles condiciones que deben enfrentar muchos pequeños. Se calcula que, de 1999 a la fecha, 12 mil familias del DF en promedio pidieron permiso a la Secretaría del Trabajo y Previsión Social para que sus hijos trabajen. Dadas las precarias condiciones económicas del país, los padres se ven en la necesidad de emplear a sus vástagos para completar el gasto, lo cual significa, muchas veces, que dejen de golpe de ser niños, algo que los marca para siempre y limita sus oportunidades de crecimiento de cara al futuro.

En este sentido, la Organización Internacional del Trabajo señala que, ante este panorama, es claro que “no existe respeto total a los derechos de los niños, pues cada vez es mayor la demanda de trabajo para este sector”.

El problema es mucho mayor, en realidad, pues existe un “mercado negro”, en el que cientos de menores hacen casi lo que sea para obtener algunas monedas, en las más horribles condiciones. La gravedad del asunto radica, en gran parte, en que no existen estadísticas fiables que den cuenta del número de infantes que trabajan en las calles de la ciudad de México.

Los niños de la calle son un problema que debería avergonzar a toda la nación. De acuerdo con datos oficiales, las instituciones públicas y privadas de la capital mexicana atienden a unos tres mil pequeños desamparados. Muchos de ellos tienen problemas de adicción y arrastran tras de sí historias de maltratos.

Fuente: milenio.com