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Ganó el racismo en Francia
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El triunfo de Nicolas Sarkozy en Francia revela una situación que se ha extendido en Europa y que no se dice ni se reconoce abiertamente: el racismo. El racismo europeo de los últimos años tiene la misma raíz que el del pasado, aunque ahora sea más disimulado, más hipócrita.
Lo que hizo Sarkozy durante su campaña fue precisamente recurrir a los sentimientos de los franceses como blancos, independientemente de su origen (el ahora presidente electo es de origen húngaro, aunque haya nacido en París). De las tres principales consignas de su campaña las que más influencia tuvieron fueron el control de la inmigración y la línea dura en la aplicación de la ley para garantizar el orden. El mensaje era claro, y para muchos confirmado por su actuación de fuerza como primer ministro contra los inmigrantes (2005), tanto legales como ilegales en París y en sus suburbios. (Se calcula que en Francia existen alrededor de 5 millones de inmigrantes nacidos en el extranjero, de los cuales unos 2 millones son ciudadanos franceses.)

En teoría, Francia es un país multiétnico, pero en la realidad la población blanca, aunque mayoritaria e híbrida, ve con temor el crecimiento demográfico de quienes son de origen africano, indochino y amerindio, y que, además, practican religiones no cristianas. Y los ve con temor porque muchos tienen trabajo o gozan de compensaciones por el desempleo, o porque "provocan" disturbios exigiendo trato igual al que reciben sus conciudadanos blancos y, finalmente, porque a alguien tienen que echarle la culpa del desempleo que en Francia no es precisamente pequeño (en lugar de asumir que la concentración y trasnacionalización de capital es una de las razones principales del cierre de empresas y del desempleo, muchos blancos han preferido creer que los inmigrantes "de color" son sus competidores). En la Europa de estos últimos años, a diferencia de la Alemania de Hitler, no son los judíos los perseguidos (el mismo Sarkozy es de origen judío por parte de madre), sino los no blancos que, en Francia, muchos son musulmanes (poco más de 5 por ciento) y de otras religiones "no europeas" (hinduismo, budismo, etcétera).

A ese racismo se dirigió Sarkozy, y eso explica una de sus frases más sonoras que recuerda el discurso de la ultraderecha del Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen: "quiero devolver a los franceses el orgullo de ser franceses".

Extracto de la Editorial de Octavio Rodríguez Araujo del diario la Jornada.

 
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