Mestizos peruanos en el extranjero

Ponencia COPEI (Conferencia ABI-CeSPI 03 de junio 2004)
Dr. Juan Velasquez .- Coordinador COPEI 

Buenas tardes, agradezco esta oportunidad tan importante que tenemos los peruanos profesionales y empresarios organizados en Italia para exponer algunas de nuestras ideas en estos próximos minutos.

Desde que tuve uso de razón siempre he escuchado que el Perú es un país en vías de desarrollo, que sus ingentes riquezas naturales junto a su gran pasado, por ser herederos de una civilización como la Inca, nos podría dar casi por lógica razón el camino preciso para salir de nuestra pobreza y dificultades como país.

Sin embargo ya de grande comprendí, como lo hace la mayoría de peruanos que logra acceder a información e instrucción, que desde que el Perú se hizo una República en 1821 se han venido aplicando modelos de desarrollo ajenos a nuestra realidad o como hacemos en los últimos años, nos hemos venido endeudando tan sólo para comer y subsistir. La milenaria cultura andina, basada en el colectivismo y la solidaridad, nunca encajó con los planteamientos de desarrollo que vinieron desde fuera, en donde el lucro y la competencia individual han marcado el éxito personal y social.

El Perú es fundamentalmente un país mestizo, podríamos decir que se trata de una población autóctona, poseedora de un componente cultural de algunos milenios, que ha sido enriquecida en las últimas centurias por otras culturas gracias a la inmigración europea, africana, asiática e incluso árabe. Un escritor peruano muy reconocido en América Latina, José María Arguedas, llamó a este proceso histórico multicultural en Perú como un camino de “todas las sangres”, por cuanto el reto de construir un Perú “para todos los peruanos” resultaba fundamental en la convivencia pacífica de todas nuestras culturas. Si imaginásemos al ciudadano del futuro, o sea aquél que no será racialmente definible, podríamos partir desde un país como el Perú, en donde indios y blancos; asiáticos y negros confluyen progresivamente desde que Europa llegó a América, intercambiando a veces conflictivamente y otras en períodos de armonía, costumbres, tradiciones, folklore, modos de apreciar el mundo, pero también frustraciones, caminos comunes y esperanzas.

Nunca como en las últimas décadas los peruanos hemos vivido tanto la desesperanza. Hemos pasado por conflictos internos y externos, por epidemias y guerras, por dictaduras y una profunda corrupción de Estado, a tal grado que en el imaginario colectivo del peruano común el desconfiar y el valerse por sí mismo son la única forma para sobrevivir en medio de la informalidad y el caos.

Sin embargo, una masiva cantidad de peruanos ha venido emigrando y movilizándose desde la pobreza del campo hacia las ciudades, demostrando el olvido histórico de su sector rural, por lo que hoy casi el 80% de peruanos vive en sus urbes. De igual forma, nuestra gran diáspora hacia el extranjero ha alcanzado en los últimos 25 años ribetes extraordinarios, pues casi 2 millones y medio de peruanos se encuentran luchando por alcanzar horizontes mejores en diversas partes del mundo. Casi 300.000 peruanos dejan al año el Perú. Alrededor del 10% de nuestra población se halla en calidad de migrante fuera del país, lo que ha originado profundos cambios en la realidad cotidiana del Perú. Así, no hay peruano que no tenga un familiar o un amigo fuera del territorio peruano, no existe un migrante que no regrese de vacaciones a Perú y que no prepare un buen plato italiano de pasta a la carbonara, un suculento suche japonés o una buena paella española, estableciendo un contacto humano con el mundo, con otras realidades y costumbres, que han ido generando una multiplicidad de nuevos espacios de interrelación social.

Cuando un peruano materialmente pobre sale del Perú, escapando de la miseria y la falta de oportunidades, con mucha probabilidad no sabe lo que le espera. La visión de sentido común que tenemos los peruanos de Occidente es dual. Por un lado, los medios informativos que generalmente son privados y pertenecientes a las clases altas locales nos pintan Europa y los Estados Unidos como parte de ellos, es decir como si los peruanos fuéramos la parte menos favorecida de Occidente y que por tanto nos ameritáramos un segmento de ese paraíso por conquistar, de esa tierra prometida dónde llegar. De otro lado, el llamado Perú profundo, aquél que aún cultiva los rasgos más característicos de la cultura andina y que al mismo tiempo es la más castigada por la extrema pobreza, ve al primer mundo como el destino ajeno y extraño, pero el mejor hacia dónde escapar de la miseria, si es que la venta de sus parcelas de tierra, sus exiguos ganados o el endeudamiento personal así lo permiten.

Al mismo tiempo, el tener un familiar o un amigo en el primer mundo es síntoma de apogeo, mejor status de reconocimiento social y hasta motivo de orgullo. De allí que incluso los pobladores de las comunidades más atrasadas y olvidadas por el Estado peruano que cuentan con migrantes en el llamado mundo desarrollado, sientan que una parte de ese desarrollo también podría acercarse a ellos, o al menos percibirse no tan distante, siempre que el emigrante mantenga algún lazo de comunicación y contacto con la tierra de origen.

Todo este fenómeno ha otorgado de hecho la calidad de agentes del desarrollo al inmigrante peruano en el extranjero, si consideramos al mismo como el proceso a través del cual son los propios actores sociales los que logran insertar sus territorios al mercado nacional e internacional. Del mismo modo, los migrantes son líderes de opinión, pues adquieren una percepción mucho más integral de la localidad que dejaron, y pueden proponerse desde una lógica mucho más eficaz, una ruta de formación e información de alto nivel que pueda generar salidas y dar respuestas concretas a los innumerables problemas de las localidades que dejaron, no sólo por las capacidades adquiridas fuera, sino por el profundo conocimiento que tiene sobre su propio territorio, sobre su propia gente.

En Italia los peruanos somos la comunidad latinoamericana más numerosa, según cifras del último dossier 2003 de la Caritas somos la décimo cuarta comunidad extranjera presente en este país, muy por encima, por ejemplo, de brasileños, pakistaníes o rusos que tienen poblaciones que nos superan en 5 ò 10 veces. Los peruanos en Italia somos proclives a reencontrarnos, a buscarnos, no sólo para hablar del fútbol peruano (el que no se halla muy bien que digamos), sino también para darnos la cita de trabajo por canales informales de solidaridad, para saber de las celebraciones peruanas, de las procesiones religiosas próximas, o simplemente para comernos un buen plato de papa a la huancaína y tomarnos una cerveza. Somos una comunidad preponderantemente católica, que se inserta en una sociedad como la italiana manteniendo sus costumbres e integrando las propias de forma pacífica. En octubre pasado por ejemplo Nuestra Sagrada Imagen del Señor de los Milagros (Cristo Mestizo crucificado) recorrió las calles de Roma y llegó hasta la propia Plaza San Pedro en medio de miles de peruanos, italianos y de muchas otras personas presentes ese día, haciendo de esta fiesta peruana de fe un nuevo motivo de encuentro e intercambio con otras comunidades y culturas.

Somos gente de trabajo, nadie nos regaló nada, pero apostamos a una sociedad en donde todos podamos ejercer nuestros derechos y cumplir con nuestros deberes de ciudadanos.

El Coordinamento dei Professionisti e Imprenditori Peruviani in Italia (COPEI), busca engarzar esa realidad de la inmigración peruana presente y madura de estos tiempos con el trabajo en red de los profesionales y empresarios peruanos que trabajan en Italia; intenta fomentar un tejido social de peruanos líderes presentes en casi todo el territorio italiano, desde la Campania hasta la Lombardía, desde el Lazio hasta el Veneto, que actúe concertadamente en favor de la lucha contra la pobreza en el Perú, pero al mismo tiempo que sirva de enlace entre la inmigración peruana y el desarrollo, en favor de la economía de Italia y del Perú.

Somos una organización presente en 10 regiones italianas (Lombardia, Piemonte, Liguria, Veneto, Emilia Romagna, Toscana, Abruzzo, Marche, Lazio y Campania); deseamos trabajar en partenariado y para ello aprovechamos esta oportunidad a fin de convocar a los bancos italianos y ofrecerles toda la potencialidad de nuestras remesas (segunda fuente de financiamiento del erario nacional peruano) en el objetivo de buscar nuevas oportunidades de negocios, pero también en el afán de lograr mayor intervención social en favor de la población más pobre que ha quedado en el Perú. Porque la mayoría de nosotros vino desde la pobreza y no la olvidaremos, ya que convivimos con ella en carne propia y conocemos de su capacidad destructiva. Ya nos encontramos trabajando con entidades de prestigio, como la Chambre Europeènne Experts, el CeSPI y nuevos acuerdos de partner ships se están preparando en diversas regiones de Italia.

Consideramos, como ya lo anuncian recientes informes de organismos multilaterales como la UNDP, la Banca Mundial, el BID entre otros, que el futuro de la cooperación al desarrollo pasará por considerar a los inmigrantes como elementos de primer orden en la pugna por derrotar la desnutrición, el hambre y la pobreza. Esto no sólo porque la traslación de recursos que generamos hacia nuestros países de origen será cada vez mayor, sino, y por sobre todo, porque estamos totalmente capacitados para operar en nuestros territorios de origen, de allí que la Ongs. y todos los entes de cooperación descentralizada tendrán un impacto de mayor efectividad y eficiencia en su trabajo si considerarán a los inmigrantes como actores y operadores en los proyectos de cooperación y solidaridad que se gesten en el futuro.

Hacia delante, hemos decidido ser interlocutores de nosotros mismos, pues en parte somos también italianos; aquí llegamos para buscar un futuro mejor, aquí nacieron y nacerán nuestros hijos; y probablemente aquí moriremos, reinventando y enriqueciendo una nueva forma de ser italianos.

Muchas gracias.
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Juan Velásquez Quispe, avvocato peruviano, consulente in cooperazione decentrata ed è specialista di lavoro in rete attraverso programmi di democrazia partecipativa tra Comuni dell’Europa e l’America Latina. E’ stato responsabile per il Perú dell’ ARCI Cultura e Sviluppo e attualmente è Coordinatore Nazionale del COPEI (Coordinamento dei Professionisti e Imprenditori Peruviani). E’ Presidente dell’Osservatorio Peruviano del Terzo Settore.
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