El amor a la parte indígena que llevamos los mestizos

El Ecuador está viviendo actualmente un proceso histórico sin precedentes. Por primera vez el movimiento indígena ha llegado al poder. Si bien esto representa un gran salto histórico dentro de una sociedad que durante más de 500 años ha relegado los indígenas a una situación de exclusión, el cambio apenas ha comenzado.

En la esfera política los mestizos valoramos el movimiento indígena. Lo percibimos como fruto de un proceso coherente y definido, inspirado en bases ideológicas claras. El movimiento indígena ha ganado la simpatía del mundo mestizo gracias a una lucha social en beneficio de todos. Recordemos la célebre frase del levantamiento del 2000: “nada sólo para los indios”.

Sin embargo, a pesar de esta percepción positiva, la sociedad mestiza considera aún lo indígena y sus valores como algo externo a sí misma, el principal obstáculo continúa siendo el divorcio histórico entre la sociedad mestiza y el mundo indígena.

Este divorcio, ha estado siempre acompañado de una desvalorización sistemática de la cultura indígena por parte de la sociedad mestiza. A pesar de las poco diferenciables características étnicas entre los mestizos e indígenas, estos últimos han sido, y siguen siendo víctimas de los primeros por una serie de actitudes racistas, y de prejuicios heredados de la época colonial.

El desafío de todos es ahora trabajar para que en el proceso de construcción de una Nación pluricultural logremos superar y trascender la brecha (principalmente cultural) entre lo indígena y lo mestizo. Somos los mestizos quienes debemos partir realizando una introspección social que nos permita reconocer y valorar, en cada uno de nosotros, esa raigambre ancestral y empezar así a superar las distancias. Este proceso debe realizarse desde la más temprana edad.

Revalorización de nuestra mitad indígena 

El problema de las sociedades americanas frutos, de un choque brutal entre dos civilizaciones, y de la subsiguiente imposición de una cultura sobre la otra en el proceso de mestizaje, ha sido y sigue siendo un problema de identidad.

El mestizo es la víctima principal de la aculturación colonial. Por un lado no ha superado la vergüenza de la sangre conquistada que corre por sus venas, y por otra busca en vano identificarse con la cultura dominante, a la cual jamás accederá por pleno derecho. Esto ha provocado un sometimiento servil a la cultura blanca y un desprecio irracional hacia sus hermanos indígenas.

El conflicto ha sido acentuado por un sistema educativo funcional a la alienación colonial, y a los intereses económicos dominantes. Paradójicamente la escuela responde aún a la visión euro centrista del mundo.

El trabajo sobre la identidad y la interculturalidad tiene que empezar con los jóvenes. Son los más propensos a asumir modelos, a idealizar referentes, y a sumergirse en el consumismo de las modas vacuas y efímeras. El cine, la música, la televisión, y el Internet transmiten los referentes de la cultura global, una cultura que no otorga respuestas a sus verdaderas necesidades de realización personal. Por el contrario, los modelos que se erigen como referente a menudo son fuente de conflicto con su realidad local. Los jóvenes integran valores foráneos que nada tienen que ver con el medio en el cual se deben desenvolver.

Si aprovechamos es versatilidad y fuerza de identificación de la juventud en torno a referentes locales más profundos y verdaderos, estaríamos de paso liberando su capacidad creadora y participativa. Esta es la condición para cualquier forma de desarrollo.

Necesariamente urge considerar el tema de la identidad mestiza desde el plano de una revalorización de nuestra mitad indígena y una reconciliación interna con nuestro ancestro. Desde esta perspectiva, la matriz indígena se vuelve integradora de nuestra identidad nacional, y lo europeo u occidental lejos de plantear un conflicto a esta matriz identitaria, cumple entonces una función enriquecedora. El mestizaje se vuelve así una verdadera interacción de dos culturas, y no la represión de una en beneficio de la otra, como ocurre hasta ahora.

Uno de los graves problemas en la juventud de hoy en día es la apatía e indiferencia respecto a la problemática social que lo rodea. Esta situación va de la mano con el desconocimiento y no ejercicio de los derechos.

Esto se debe esencialmente a la falta de un sentido de pertenencia, a la carencia de autoestima, a la ausencia de referentes válidos. No es posible la participación, ni el direccionamiento de la acción sin una base de identidad, sin los símbolos ancestrales cohesionadores de una nación.

Fuentewww.accioncreativa.org