Un Cristo Mestizo en el Vaticano

La Procesión del Señor de los Milagros va transformándose año a año en una de las manifestaciones más impresionantes de religiosidad cristiana en Italia. No de otro modo puede catalogarse al hecho que por segundo año consecutivo , durante el angelus dominical del 24 de octubre, el papa Juan Pablo II haya recibido las andas del Cristo de Pachacamilla a través de un saludo afectuoso a la hermandad y a la comunidad peruana.

Una misa llena de cantos andinos y ritmos típicos del Perú en la propia Basílica de San Pedro culminaron las celebraciones del mes morado este año en Roma.

Por: Juan Velasquez Quispe* 

En los último años, sostenida por la masiva inmigración de la comunidad peruana, esta expresión de fe católica y de cultura popular se va adentrando en el sentir religioso de las comunidades sudamericanas presentes en Italia y en el calendario religioso de la propia población italiana. Basta mencionar que existen procesiones del llamado Cristo Moreno en ciudades tan distantes y diversas como Milán, Roma, Nápoles, Florencia, Génova, Bologna, Perugia, etc., así como hermandades en ciudades más pequeñas, como Imperia, Ancona, Avellino, Pescara, Modena, Verona, Viterbo, etc.

Cabe preguntarse, ¿por qué una tradición de larga data en el Perú ha logrado mantener intacto un espíritu participativo de masas dentro de las fronteras de ese país y ahora se extiende a nivel internacional junto al crecimiento del fenómeno migratorio peruano?.

El catolicismo llega al nuevo mundo junto a la instauración de las colonias españolas y portuguesas del siglo XVI, pero su inserción en las zonas de alta densidad demográfica, como fue el caso del Perú, se realizó de forma traumática. Esto se debió a que la religiosidad andina llevaba ya una maduración milenaria de percepción e interpretación del mundo espiritual y porque el concepto de religiosidad pertenecía a un concepto cognoscitivo diametralmente opuesto al occidental.

De un verdadero choque de religiones, en donde de uno se esperaba la sabiduría en el pasado, en los “achachis” o abuelos sabios Aukikuna para forjar una espiritualidad proyectual del futuro, como sentido circular inmerso en la Pacha (la tierra madre); y de otro lado, la cultura occidental con su frenesí de apoderarse del futuro, la Tierra Prometida, sin antes haber asimilado totalmente el presente. De esa simbiosis de relaciones mestizas, de efervescencia migratoria e inmigratoria, de una síntesis de creencias impositivas de un lado y de resistencias de otro, se plasmó un Cristo de los Esclavos, un Zambo Redentor, Protector de Cataclismos, que representa en parte el Hijo de la Sagrada Trinidad, el Nazareno, y de otro aquello que queda del máximo Dios yunga “El que sacude la Tierra”, Pachacámac, temido y venerado incluso desde siglos antes del dominio Inca.

A pocos años de haberse iniciado el siglo XXI, cuando la globalización económica trastoca las relaciones sociales y la movilidad humana se hace otra vez dramáticamente mundial, aquél Cristo que llegó hace más de 500 años al nuevo mundo, regresa al corazón de la religiosidad católica de Occidente, El Vaticano, y lo hace mestizo, acompañado de la profunda fe de los inmigrantes, de su afán por sentirse cerca del aura protectora de las sagradas andas, pero también dentro de un proceso intercultural que enriquece las relaciones sociales y hace que se renueve la fe católica, cuando las tradiciones de religiosidad peruana se mezclan con las italianas generando un espacio nuevo de diálogo y de revalorización de las diversas identidades presentes en este país.

Fotos : Raúl Palacio
(*) Juan Velasquez Quispe .- Presidente de COPEI – Coordinamento Professionisti e Imprenditori Peruviani in Italia. e-mail: presidencia@copeitalia.org