La Guadalupana

No hay duda que a cualquier parte donde emigra el mexicano lleva consigo a la Virgen de Guadalupe. Donde quiera que se establezca, allí impone su arraigada devoción hacia la Virgen Morena y su tradicional fiesta de honrarla cada 12 de diciembre.

Para el mexicano la Virgen de Guadalupe es más que un icono de fe y devoción, es parte integral de su historia y de su identidad. Según afirman muchos historiadores, esta importancia es resultado de los mensajes de sus apariciones, ocurridas entre el 9 y 12 de diciembre de 1531 y narradas en el Nican mopohua (un documento indígena escrito en lengua náhuatl).

“La influencia [de la Virgen de Guadalupe] en la cultura e historia de México comienza a partir de allí”, dice Susan Fitzpatrick-Behrens, profesora de historia de la Universidad del Estado de California en Northridge, con especialidad en el tema de religión en Latinoamérica.

La catedrática ofrece dos razones de la importancia e influencia de la Virgen en el pueblo mexicano. Una dice que ella reemplazó a la diosa Tonantzin (que en lengua indígena significa “nuestra madrecita”) que los indios veneraban en el cerro del Tepeyac. La otra dice que fue un mito creado por la religión católica para impulsar una nueva devoción entre los pobladores nativos de México.

“Pero, independientemente de estos dos puntos de vista, lo cierto es que la Guadalupana tenía un puesto muy importante en la comunidad indígena mexicana y lo sigue teniendo en el México de hoy”, dice la historiadora.

La influencia de la Virgen se ve en acontecimientos sociopolíticos del país azteca. Bajo su imagen, en 1810, el cura Miguel Hidalgo y Costilla dio el grito independentista de ese país y, como afirma Fitzpatrick-Behrens, unificó a todo un país conformado por indígenas, mestizos y criollos, dándole una sola identidad como nación.

Fuente: impre.com