Francia: cuatro siglos de negrofobia

Odile Tobner, después de muchos años de colaboración con la pluma rebelde de su esposo ya fallecido, Mongo Beti, se impone como una personalidad comprometida en la lucha por la igualdad y dignidad de todos los ciudadanos del mundo.

Su vida junto al activo e insumiso Mongo Beti le empapó en los padecimientos y amarguras de la condición de los africanos y los negros en el continente africano y en la diáspora. Militante activa de la asociación Survie, que reveló y continúa desentrañando y desnudando los crímenes, estratagemas y falsos pretextos de la Francáfrica, sucedió a Francois-Xavier Vershave en la presidencia de esta asociación, de una utilidad indiscutible.

Haciendo frente a los discursos de legitimación de las prácticas y actuaciones francafricanas y francesas que ahora se califican como «sin complejos», mientras que las dictatoriales políticas contra la inmigración y de la seguridad pública parecen encontrar su terreno de aplicación predilecto en las poblaciones negras, la catedrática de Literatura sale al paso. Reivindica, desmonta los rumores de Estado filtrados como argumentos infalibles, tritura las traiciones, el paternalismo francés y las dominaciones escondidas que mantienen los neocolonialismos. En el corazón de esas discriminaciones, expresiones de odio y estigmatizaciones, aparece el racismo francés, «antiguo, atávico y tradicional».

La portada de Du racisme français (del racismo francés) pone las cartas boca arriba con los retratos de Luis XIV, J.B Bossuet, C. de Montesquieu, Ernest Renan, Charles de Gaulle, Nicolas Sarkozy, Hélène Carrère d’Encausse, Pascal Sevran y el inenarrable Alain Finkielkraut, ilustrando una tesis que no oculta sus intenciones.

La presidenta de Survie, promotora de la «Société des Amis de Mongo Beti» (Sociedad de los Amigos de Mongo Beti) y de la «Librairie des Peuples noirs» (Librería de los Pueblos Negros) de Yaundé, legada a la juventud de África y Camerún por su difunto marido, concedió una sustanciosa y distendida entrevista a la redacción de Afrikara.com a propósito de la aparición de su libro Du racisme français, editado por Les Arènes en noviembre de 2007.

Sra. Tobner, ¿cuál es la génesis de su esperada obra Du racisme français?

Odile Tobner: Todo partió de la obra que escribí en colaboración con Francois-Xavier Vershave y Boris Boubacar Diop, Négrophobie (2005, Les Arènes), como réplica al libro Négrologie de Stephen Smith. Ya entonces pensé que Smith no era más que el último de una larga cadena de prejuiciosos. Y que si sus argumentos eran bien aceptados es porque en el sustrato cultural francés había cosas que estaban implícitas, adquiridas y listas para acoger lo que decía Stephen Smith. Lo que yo pretendía era poner de relieve este atavismo cultural que nunca se ha criticado en Francia. Jamás ha habido una auténtica crítica de esa herencia en Francia; en el mejor de los casos se borra, no se habla de ella, en el peor se recupera; por lo tanto hacía falta sacar a la luz la nocividad de esos prejuicios

Atavismo cultural o prácticas de dominación, ¿cómo se articulan las cosas?

OT: Ese es el juego de la infraestructura y la superestructura. Cuando se ejerce una práctica colonial es necesario disponer de un discurso de justificación. Si se mata a los negros es porque son seres inferiores, así se justifican esas prácticas.

En su obra abarca un horizonte de cuatro siglos…

OT: Efectivamente es mucho tiempo; concierne a todo el período de la esclavitud que dio lugar a las prácticas y discursos de justificación que aparecían francamente, «sin complejos» como se diría hoy. En el padre Labat no hay ninguna enseñanza crítica de lo que se hizo. Siempre hay en él un doble juego de los actos de dominación y deportación y los discursos para impregnar la ideología.

¿Cómo es actualmente esa «tradición», puesto que usted utiliza la expresión tradición de racismo?

OT: Hoy se trata de justificar el neocolonialismo, que fue responsable del fracaso de las independencias, el impedimento del desarrollo e incluso del hundimiento de las sociedades africanas. El discurso actual apunta a comentarios del tipo «es su culpa, es porque son perezosos, porque son esto y lo otro» y no porque los mantuvimos bajo nuestra dominación. 

También hay discursos racistas franco-franceses, discursos destinados a los negros y africanos que viven en Francia

OT: Absolutamente; allí el racismo se añade a la segregación. La caza de los negros inmigrantes es la política de Sarkozy. Está bien claro para el consejero del presidente Sarkozy, Guaino, quien dice que con la inmigración, la globalización y la desintegración del trabajo hay un problema de identidades. Pero no dice ahora que tener un presidente de origen húngaro sea un problema de identidad. ¿Qué pretende? No existen el «húngaro» y sus semejantes, en el fondo lo que hay es una auténtica problemática racista.

Se dirige a los discursos que se oyen desde 2005, de Hélène Carrère d’Encausse, Georges Frêche, Finkielkraut…

OT: Mi libro se elabora precisamente sobre todas esas observaciones escandalosas que no escandalizan a nadie. A pesar de una cierta matización, al final es en Libération donde una tribuna redime a Pascal Sevran. 

Que al final defiende a los Sevran, Carrère d’Encausse, Finkielkraut, etcétera.

OT: La identidad francesa, dicen. La Sra. Carrère d’Encausse es de origen ruso pero puede ser francesa porque es blanca. Lo mismo para Finkielkraut. Adoptan posiciones puramente racistas, los negros son personas «inasimilables» para ellos. Se utiliza el término inasimilable y se habla también de motines étnicos y no sociales.

A lo largo de toda la obra Du racisme français estamos en dos órdenes distintos. Uno es la réplica a las ideas señaladas como racistas y al mismo tiempo el de la pedagogía. «Desmontar y demostrar» se podría decir.

OT: Básicamente soy una profesora que escribe. No soy una novelista ni otra cosa. Siempre escribo para hacer una exposición pedagógica. Por otra parte, con Mongo Beti siempre tuvimos un enfoque «panfletario», de desmontaje de los discursos estereotipados de la dominación. Siempre hemos tenido esa posición en la revista Peuples noirs, Peuples africains (Pueblos negros, pueblos africanos). A menudo nos lo han reprochado, pero esa es nuestra función. No basta con desmontar para ser creíble, por lo tanto es necesario demostrar. A la inversa, los que hacen afirmaciones racistas y discutibles no se someten a la obligación de demostración, se creen sus palabras. No hay más que ver, para convencerse, la última obra de Pascal Bruckner, La tyrannie de la pénitence (La tiranía de la penitencia), las afirmaciones casi nunca tienen una base, pero como las personas no la piden para creerlas, así avalan sus crudas observaciones. Lo que nosotros decimos siempre se apoya en bases muy sólidas. Por eso señalo sistemáticamente que desmonto y critico.

¿Cuáles serían los baluartes de esta historia, de la tradición del racismo francés?

OT: Decidí poner el primero a Montesquieu, que es el paradigma de la mistificación. No se lee lo que él escribió y se pretende dar a fragmentos de frases o ideas un sentido contrario al que contienen sus escritos. Montesquieu era un Maquiavelo francés en política, no es un ejemplo de virtud. Decir que era un «defensor de los derechos humanos» sería una ironía, no tenía esa preocupación. Se le ha utilizado y tergiversado hasta la saciedad en las escuelas. A continuación quise sacar a la luz del día cosas que se han silenciado; el padre Labat es muy poco conocido a pesar de que produjo numerosas obras y se le ha leído mucho. Es una fuente importante para todo el Siglo XIX. Mi trabajo también pretende desmitificar, como lo hizo brillantemente Césaire en Toussaint-Louverture, la révolution française et le problème colonial (Toussaint-Louverture, la revolución francesa y el problema colonial) a todos los «amigos» de los negros que no eran partidarios de su emancipación inmediata. Eso es el paternalismo, los falsos amigos. A partir de 1935-1940 no hay más que falsos amigos para África y los negros, Leiris era uno de ellos. Las afirmaciones de Finkielkraut sobre el colaboracionismo de los antillanos son del mismo tipo. 

¿La dificultad de hablar del racismo no procede del hecho de que muchas figuras emblemáticas francesas caen bajo el golpe del racismo?

OT: Quizá. Es necesario hacer una desmitificación. Pero hay que atenerse a los textos, a la realidad. Atacar el racismo del ciudadano corriente es cómodo pero ver la génesis de la actitud racista en la elite intelectual es otra cosa. También existe mucha cobardía en las elites francesas frente al racismo. En Francia no hay un Herskovits, alguien que se comprometa profundamente con la destrucción de los prejuicios. No hay ese tipo de figuras intelectuales, al contrario, la «gente como es debido» en Francia mantiene un racismo soterrado. 

Los grandes intelectuales contribuyeron a la cultura francesa, por lo tanto es difícil desmitificarlos.

OT: Es cierto, y se me acusa de mi indulgencia con relación a Sartre, pero es una pequeña excepción con quien muy pronto tuvo palabras justas, prologó a Fanon y Lumumba y escribió en la revistaPrésence Africaine. Pero evolucionó, comenzó por adoptar la misma posición que Senghor sobre el arte negro y a continuación descubrió que políticamente había que tener otro discurso. En todo caso ésta no fue una de sus grandes luchas, pero a pesar de todo en determinados momentos tuvo palabras bastante justas. Algunos intelectuales también se comprometieron, una minoría. Personas a quienes admiro mucho, como Deleuze, nunca se han comprometido con las cuestiones del neocolonialismo. Francia es muy centralista, fuera de ella no existe nada, pero no se da cuenta de que no es franco-francesa porque pretende dirigir África. Hay que mirar más allá de París.

Hace 20 años las personas como Georges Frêche no habrían podido decir las barbaridades que sabemos.

OT: En primer lugar la proporción de negros en Francia ha aumentado, los que se admitían después de la guerra eran poco numerosos. Ahora que hay un verdadero componente migratorio en Francia las cosas ya no son lo mismo. Se trasplantó a los antillanos en masa a Francia y muy pronto se sintió ese problema del cual hablaron varios autores. Recuerdo una anécdota en cuanto a la cantidad, que data de los años 78-80, en la que la prefectura de policía quiso disolver una asociación antillana porque en aquel momento los extranjeros no tenían derecho a crear asociaciones. Se consideraba a la asociación antillana como una asociación extranjera mientras que eran ciudadanos franceses. Hay una ignorancia enorme de los funcionarios de base de la prefectura de policía de París pero, ¡también actualmente Sarkozy dice que Condoleezza Rice es extranjera en Estados Unidos! Le preguntaron y se sintió obligado a responder a pesar de que ese no era el asunto. Aparte de que el sitio Internet donde lo dijo pasó inadvertido. 

¿El racismo francés es una cuestión básicamente de elites y a su modo de ver hay una ósmosis entre el pueblo y las elites?

OT: Creo que hay una impregnación del pueblo que viene de las elites. Es necesario atacar a la cabeza, a la raíz.

No se comprende el renombre de personalidades como Zidane o Noah que tienen orígenes africanos

OT: Son excepciones, ídolos del deporte, pero estos deportistas adulados también conocieron algunas afrentas a causa de su origen.

Se podría decir de esta obra que es al mismo tiempo réplica y argumentación, a la vez que proporciona muchas referencias distintas: periodísticas, filosóficas, literarias… ¿es un libro fácil?

OT: Quise hacerlo fácil, no es una obra erudita. Voluntariamente no utilicé toda mi documentación sobre estas cuestiones. Elegí ejemplos muy accesibles. La tesis es accesible y el discurso va a lo esencial. 

¿Cómo definiría su libro?

OT: De hecho es una intervención para devolver la dignidad a una población difamada, una práctica de igualdad ciudadana. El objetivo que se persigue es el de atacar las discriminaciones, los procesos insidiosos que impiden que funcione la igualdad ciudadana, en ese sentido es una obra republicana. Una obra para los jóvenes de la diáspora africana, creo, para que encuentren su dignidad y eviten las derivas sectarias y del odio.

¿Se puede ser optimista?

OT: Las jóvenes generaciones de franceses viven con sus compañeros de todos los orígenes. Hoy las parejas mixtas pasan inadvertidas; permanecerá el racismo pero las jóvenes generaciones confraternizan más allá de los colores y los orígenes.

¿Por qué un trabajo sobre el racismo contra los negros? 

En cuanto a la islamofobia ya se hizo el trabajo. Mi trayectoria personal me impulsa a hablar del racismo que afecta los negros. Sobre el asunto del antisemitismo no hay vacío, incluso el terreno está muy ocupado mientras que de la negrofobia ni se habla, cuando es el racismo fundamental en Francia. Este racismo es el menos descrito, el menos analizado, el menos conocido, el que está más proscrito con prohibiciones de expresión, hablo de «dolorismo» (doctrina que exalta el dolor como un alto valor moral con un papel de transformador y productor de actividad creadora, N. de T.); ese racismo se estigmatiza por grandes cantidades de palabras, puras máquinas de guerra verbal que pretenden impedir su expresión. 

En las estadísticas sobre el racismo en Francia los primeros informes ni siquiera mencionaban el racismo que afectaba a los negros…

OT: Y eso que es el primer racismo de Francia: los insultos en las comisarías, los asesinatos no aclarados, las demás discriminaciones visibles y no visibles. La negrofobia es el racismo más antiguo y sólido de la ideología. A pesar de que los negros son quienes más se han asimilado a los franceses y son, a menudo, los franceses más puros y los menos aceptados: ése es el racismo. Culturalmente Mongo Beti era diez veces más francés que Sarkozy, que apenas conoce a los autores franceses.

Fuente: rebelion.org