¿Pitéate un flaite o Pitéate un Peruano?

Alberto Laluk

Otra vez más nuestras miradas se distrajeron en la tierra de Neruda y Mistral. No para entretenernos con el Festival de Viña del Mar, ni para seducirnos con su crecimiento económico. Sino a los encuentros y desencantos que los medios se encargan de difundir para bien o mal nuestro. Desde el problema del Pisco, de los terroristas chilenos, de las pintas en una pared incaica, del caso de Aerocontinente, del video de Lan Chile, de los partidos de fútbol, del problema del límite marítimo, de Fujimori preso en Chile. Ahora, se venía la amenaza de “Pitéate un flaite”.

Dicha expresión de lo más insultante al personaje marginal tiene un trasfondo racial para clasificar a un grupo de individuos. La palabra “pitéate” significa “matar”, y “flaite” es un delincuente juvenil. Que peyorativamente sirve para identificar a la gente “marginal” que pululan el centro de la ciudad y las principales plazas de Santiago. De despreciar incluyéndose a la humilde gente nuestra, de esa mano de obra barata, que por sus condiciones económicas ha pasado a ser un problema social en Santiago de Chile.

El mensaje de alerta y promoción de un ataque hacia estos individuos ha corrido veloz en foros yblogs sureños. La respuesta de apoyo ha sido amplia, que tarde o temprano una horda de ignorantes neonazis podrían aprovechar en desatar la cacería humana en la capital mapocha. Sentimiento muy de moda por la globalización y migración. Con desenlaces fatales como en los recientes tumultos de Europa, y las fronteras de Arizona y California.

“Soy bajo, muy moreno, ojos pequeños y con pómulos prominentes. Me dicen que soy feo, porque no provengo de alguna parte de Europa. Ni que tengo talento para ser culto. Veo que la gente me mira de lejos, como a un insecto. Mi ropa es diferente, es un poco vieja. La de ellos, con nombres y marcas que salen en las revistas. Hoy es mi día de descanso, y estoy en la plaza. Veo un tumulto de jóvenes blanquiñosos correr hacia mí. No están los carabineros, ni los amigos. Puños y piernas cruzan el cielo, me golpean. ¿Qué quiere esta gente de mí?”

Poco hemos hecho por mejorar las relaciones internacionales y proteger la vida de nuestros ciudadanos como en el caso chileno, y en otras partes del mundo. Sus ecos se escuchaban en Lima. Compatriotas nuestros que por no pertenecer a la clase acomodada no fueron gran noticia, salvo de utilizarse para una propaganda política. Casos en Estados Unidos como en Texas, y otros en Bolivia, Argentina, Alemania, España, y Rusia. Indiferencia cómplice de nuestra sociedad artificial de cabellos oxigenados con la excusa en resolver prioritariamente los problemas locales.

Si nuestros compatriotas se ven en la necesidad de huir de la miseria por las pocas oportunidades que se les presenta en nuestras ciudades. Un éxodo promovido por los malos gobiernos. Afuera del territorio, se tropiezan con otra realidad. La herencia cultural europea persiste todavía en países latinoamericanos que menosprecian al descendiente andino y africano en su anulación cultural y de identidad. Parece que ser pobre e indígena es el más grande lamento aún para esta generación influenciada de la cultura neoliberal y “desarrollada”. Que no ve otra forma de marginarlos que hacia la delincuencia.

Autor: Alberto Laluk