Medios y Racismo: ¿Y usted de qué color es?

Cuando se emigra a Estados Unidos, no siendo rubio, es habitual que uno se pregunte si le irán a discriminar. A la hora de llenar la primera planilla, en las oficinas de Inmigración, del Seguro Social o en cualquier otro sitio, descubrimos, con una frase, que fuere cual sea nuestro color de piel, se tiene una raza específica que debería unirnos a los latinos: “Marque el círculo donde dice Hispano”.

¡Que sectarios! ¡Todo lo estratifican estos gringos! Con el tiempo uno se acostumbra a esta ‘clasificadera’ y hasta lee con gracia que la modelo negra del comercial del banco famoso introdujo una demanda millonaria porque le trataron mal en una oficina de la entidad que ella misma promocionaba. Alegó racismo en su contra.

Lo raro (tomando en cuenta que hablamos de un país conocido como racista) es que se hace cotidiano leer las estadísticas cada año indicando cómo los afro-americanos Oprah Winfrey, Bill Cosby y Michael Jackson, encabezan las listas de multimillonarios del espectáculo. Hasta se convirtió en hábito observar entre los programas de mayor audiencia a ‘In living color’, ‘The fresh prince of Bel Air’, ‘Martin’ y ‘Living single’. Todos protagonizados por personas de tez oscura.

¡Que distinto sucede con los medios de comunicación en nuestros países latinoamericanos! Si juzgáramos por las imágenes que nos llegan de la TV y el cine hispanos llegaríamos a la conclusión de que todos somos arios, blancos, rubios, pelirrojos. Un rostro “aindiado” o negro, solo se utiliza para ofrecer una taza de café al protagonista, para abrir una puerta o para asesinar a alguien. Hasta parecen catálogos de tintes de pelo o de fábricas de lentes de contacto de colores, algunos programas.

En la prensa no ocurre algo distinto. Las fotografías de periódicos y portadas de revistas latinos muestran, la mayoría de las veces, una profusión de caras con características ajenas a lo común en nuestra raza. Una buena inspiración para cambiar sería ver las seis o siete revistas de circulación nacional sobre personajes de raza negra existentes en EEUU. Bueno, si hasta la siempre pálida “Vogue” hace tiempo aceptó que también hay belleza en la piel oscura.

Si investigamos en las telenovelas latinas, lamentablemente encontramos que mientras más rubias sean las parejas protagónicas, más éxito tendrán. ¿Será que hasta nos odiamos? ¿Es que no soportamos vernos nosotros mismos? ¿Nos da demasiada vergüenza aceptarnos como negros o indígenas?

Si uno con su cara de indio o de negro quiere aumentar su autoestima. Si quiere imaginarse que también uno, tiene derecho a triunfar en su profesión o en su vida, difícilmente va a encontrar el modelo ideal en la TV latina. Esas caras o espejos los encontramos más fácilmente en narradores de noticias, animadores (presentadores), actores y periodistas de raza negra y latina (no rubios), que a diario vemos en la TV anglo, ya que la pantalla latina de acá no es más que un reflejo de lo que ocurre en Latinoamérica.

Incluso ese racismo se muestra (y transmite) a través de comerciales donde ni por casualidad se asoma un costeño colombiano, un “mirandino” venezolano, un moreno de El Callao peruano o un prieto veracruzano (de México).

Es que nos “regalamos” tanto ante lo ario, que la brasilera Xuxa hizo su fortuna (un verdadero imperio construido con dinero indígena y negro) cantando y bailando con un coro de cinco o seis adolescentes “blondies” como ella. Todas con el pelo largo y amarillo. Bien, eso no constituyó ningún problema en nuestros países donde la mayoría de la gente es mestiza, zamba, negra o indígena y hubiera merecido ser representada. Nadie se sintió ofendido. Sin embargo, a la hora de hacer el “crossover” en EEUU y producir su mismo programa en ingles (efímero, por demás), vimos como su coro fue transformado en un “arco iris” de razas. Probablemente porque fue asesorada legalmente y ninguna televisora estaría dispuesta a arriesgarse a perder prestigio, dinero y tiempo con una eventual demanda multimillonaria por racismo.

Precisamente aquí está la diferencia entre nuestro racismo y el de los estadounidenses. Probablemente si usted no es rubio va a conseguir algunos sitios donde la actitud de los demás le hará pensar que usted no es bien recibido, pero al mismo tiempo conseguirá folletos, afiches y libros que le informarán de las leyes que le protegen, donde claramente se especifica que nadie tiene por qué aceptar discriminación ni por su raza, ni por su condición social, ni por su elección sexual. Eso se podría traducir en una “jugosa” y bien publicitada demanda judicial. Que lo diga Rodney King si es cierto o no.

En Hispanoamérica cuando se toca el tema, la gente sigue sonriendo y justificando: “No, aquí uno le dice negro a él, sólo por cariño”. Aunque nunca se llama a un blanco por el color de su cara en substitución del nombre. Con el indígena sucede igual. La palabra “indio” es utilizada como sinónimo de atrasado, estúpido, mal educado. Es decir, las letras que denominan la mayor parte de nuestra raza son utilizadas por nosotros mismos como el más grande insulto.

Pero si hasta hay un ejemplo que se puso muy de moda. El colombiano Carlos Vives, se impuso con una canción que dice “¿Qué cultura va a tener un indio Chumeca que nació en los cardonales?”…

Tampoco es raro escuchar decir con demasiado orgullo: “En mi país no hay indios ni negros porque tuvimos más influencia de Europa”. ¿No suena ésto acaso a segregación? ¿a prejuicio? y en la mayoría de los casos, ¿a ignorancia? Lo curioso es que de uno de estos países, Argentina, donde la gente se imagina que sólo hay rubios, surgió una de nuestras más grandes figuras de la canción: Mercedes Sosa, con su cara tan llena de aborigen que semeja un orgulloso mapa de la América indígena olvidada.

Más al norte, en México, se perpetuaron dos voces románticas que más allá de este mundo continúan representando a dos razas hoy casi por completo ignoradas por nosotros mismos: Pedro Vargas y Toña La Negra. Menos mal que nacieron en otra época, de lo contrario estarían aún haciendo fila en espera de una oportunidad. Ahora todas las vacantes de la fama están llenas de personas con las características indicadas antes. Ellos no cabrían en esta era del culto al físico foráneo de la sociedad latina que con su silencio sigue aceptando el cuentico de la “supremacía blanca” en lugar de desempolvar ya, la tan manida palabra “igualdad”.

Fuente: adital.com.br