Ellos: ¿los unos o los otros?

El presente ensayo, no pretende ser más que el eco de nuestra conciencia, ante la marginalidad, la discriminación y la segregación social, que tanto deseamos abolir de nuestra sociedad. Están convidados…Desde hace unos años en nuestro país, se dan dos fenómenos simultáneos, que entendemos son producto de la aplicación de políticas neoliberales, que lejos de incluir a los seres humanos en el sistema vigente, excluye y margina a la mayoría.

Se da por un lado una corriente de emigrantes hacia los países del primer mundo, y por el otro, y de éste nos ocuparemos, recibimos principalmente de países vecinos como Bolivia, Paraguay y Perú, nuevas corrientes migratorias, al ocurrir esto, existe una mayor exposición a la alteridad, que da lugar al surgimiento de movimientos nacionalistas, prácticas xenófobas y de segregación social por un lado, y por el otro, de acciones de revitalización de lo étnico, del discurso de la tolerancia y del respeto a lo diferente.

Nos preguntamos entonces ¿existen otros factores que contribuyan a que se den estas prácticas xenófobas o de discriminación? Y creemos que podemos comenzar a entenderlo a través de las siguientes definiciones:

Eduardo Menéndez, sostiene que el racismo no es solamente una cuestión de segregar negros u odiar judíos, el racismo debe ser referido a la forma de relaciones sociales y culturales que implican negación, discriminación, subordinación, compulsión y explotación de los otros en nombre de pretendidas posibilidades y disponibilidades, ya sean biológicas, sociales o culturales. Toda relación social que signifique “cosificar” a los otros, es decir negarle categoría de persona, de igual; toda relación que permita la interiorización y uso de los otros es racismo.

Según Albert Memmi Racismo es la valoración generalizada y definitiva de las diferencias biológicas, reales o imaginarias, en beneficio del acusador y en detrimento de su víctima, con el fin de justificar una agresión.

Citando a Lévi Strauss: “descubrimos que la raza es una función, entre otras, de la cultura” . Perrot Preiswert, parafrasea a éste, diciendo que: Es la cultura la que determina las relaciones de amistad o de hostilidad que un grupo mantiene con sus vecinos (…) Cultura es el conjunto de los valores, comportamientos e instituciones de un grupo humano que es aprendido, compartido y transmitido socialmente. Abarca todas las creaciones del hombre. La cultura es el resultado de la acción que el hombre ejerce sobre su ambiente natural y de la interacción de los miembros de un grupo.

Tomando como referentes a estos y otros autores, trataremos de explicar y explicarnos por qué esta cuestión del racismo, el etnocentrismo y la discriminación, está instaurada en el seno de nuestra sociedad como un dogma establecido y quienes pertenecen a lo Uno y a lo Otro.

Coincidimos con Albert Memmi en que: el racismo no toma como base la razón sino que surge como la proyección mítica y racionalizadora de una experiencia vivida, emocional y más o menos confusa. Cada vez que se halla en contacto con otro ser individual o colectivo diferente o al que conoce mal, el individuo o grupo reaccionará con actitudes de inquietud o desconfianza, con un gesto de rechazo agresivo.

“En las Américas, y también en Europa, la policía caza estereotipos, culpables del delito de portación de cara. Cada sospechoso que no es blanco, confirma la regla escrita, con tinta invisible, en las profundidades de la conciencia colectiva: el crimen es negro, o marrón o por lo menos amarillo. Esta demonización ignora la experiencia histórica del mundo. Por no hablar más que de estos últimos cinco siglos, habría que reconocer, que no han sido para nada escasos los crímenes de color blanco.” (Eduardo Galeano)

Sin embargo hoy en día, se ha llegado a la conclusión de que desde el punto de vista biológico las razas no existen. Las agrupaciones humanas en términos de “blancos”, “negros” o “indios” no pueden por ellos ser marcadas o establecidas en términos genéticos de ninguna manera que sea mínimamente clara o precisa.

Además, existe un acuerdo bastante generalizado de que las razas no son sino “construcciones sociales”. Al igual que la identidad, la raza es entonces una idea. Esta idea tiene un enorme peso en la realidad porque las personas que creen en ellas se comportan como si las razas realmente existieran, transformándolas así en categorías sociales dotadas de un gran poder.

Teniendo en cuenta este pensamiento, entendemos cuando Feinmann explica que: Los sectores de poder de la Argentina , siempre se asumieron como lo Uno . Lo Uno fue (y es) lo esencial, lo primero, lo indivisible, y lo bueno. Lo uno se propuso y se propone el control, el dominio, la exclusión o, sin más el exterminio de lo Otro . Nunca su inclusión. Lo Uno fue siempre lo Uno: el Poder. Lo Otro tuvo diversas encarnaciones: fueron los gauchos, los negros, los indios, (…) los subversivos y (hoy) la “delincuencia” y los nuevos inmigrantes (…)

Para lograr insertar en el seno de la sociedad, esta “cosificación” de los Otros, encontramos que existen mecanismos discursivos involucrados en la construcción de otredades, que el poder vuelve necesarias para regular por exclusión y/o inclusión un orden social. Esto en nuestro país se vio claramente reflejado en la década “menemista”. Una de las principales herramientas de la hegemonía que detenta el poder es la comunicación masiva, por eso en los medios de comunicación, los tópicos sobre el otro no fueron ni son libres: existe una selección de tópicos (que en última instancia se reducen al desvío respecto de la norma) referidos a casos acotados sobre los cuales se focalizan y a partir de los cuales se realiza una generalización que construye grupos en torno a la diferencia, construyéndola, cosificándola.

Al entender que tanto el concepto de “identidad” como el de “otredad” son construcciones sociales, podemos pensar que el “uno” identidad, construye, codifica al “otro”, podemos aproximarnos al racismo desde su origen, la intolerancia y la exclusión que no es sino “la negación sistemática en la historia, a la idea y a la práctica a ella asociada, de que los otros son simplemente otros” (Castoriadis). Visto así, no es difícil reconocer que la exclusión es un fenómeno mucho más globalizado de lo que se admite. Parecen ser universales la “aparente incapacidad de constituirse uno mismo sin excluir al otro y la aparente incapacidad de excluir al otro, sin desvalorizarlo y, finalmente, sin odiarlo” (Castoriadis). Pero esa forma de representarse al otro tiene su historia, que en general se resume en que se considera a los “otros” como inferiores. El razonamiento se concreta a pensar: si éstos fueran iguales a nosotros y nosotros fuésemos iguales a ellos, entonces no habría razón para que tuviéramos costumbres distintas. La in diferenciación es vivida como la pérdida de la propia identidad, y esto lleva a que se pierda la razón de las propias costumbres. La consecuencia de no aceptar esto se reduce a no querer ver a los otros como eso, como simplemente otros, no poder dejar de compararlos, no poder simplemente aceptarlos.

Llegamos así a relacionar el concepto de racismo con el de cultura y etnocentrismo. Aceptamos que la diversidad cultural se encuentra en nuestra propia sociedad, pues estamos inmersos en una época de mestizaje, mezcla de diversidades y globalización. Somos el resultado y producto de un enorme collage. El etnocentrismo descansa en una actitud psicológica antigua, que aparece en nosotros ante una situación inesperada, consiste en repudiar las formas culturales que son diferentes y alejadas de otros más cercanos y con los cuales nos identificamos. Para Lévi-Strauss, la humanidad actualmente parece cristalizarse en una monocultura. Diríamos un discurso hegemónico en un mundo globalizado.

Podemos ver claramente como los sectores hegemónicos que detentaban el poder (impunemente) en nuestro país desde 1976, se niegan a perder ese poder que podían ejercer; para eso, bajo una aparente amplitud y entendimiento del Otro, reafirman su necesidad de “círculo cerrado” y dejan de manifiesto su preocupación porque algunos sectores minoritarios logren un espacio reconocido y respetado en nuestra sociedad. Los Otros, por ejemplo los “pobres” no pueden compartir la casa, deben ser contenidos por medio de la caridad y los Unos deben ser entendidos, apoyados y respaldados para que puedan seguir administrando y gobernando la casa, decidiendo ellos y ayudando a la sociedad a tomar conciencia sobre quien puede estar adentro y quienes deben estar fuera.

Cuando la Constitución expresa: “… asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino…” y el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos plantea que“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.” , no son solo palabras hueras, sino es el espíritu de libertad en el cual se construye nuestra nación.

Creemos, esencialmente, que los Derechos Humanos deben ser respetados y no deben quedar solamente en un sentido declarativo. El preámbulo de la Constitución Nacional debe convertirse en acción.

Educarnos en una cultura que se enorgullezca de no ser monolítica, de su tolerancia a la pluralidad de subculturas y de su disposición a escuchar a las culturas vecinas, es nuestro compromiso.

Tal vez, seamos capaces de darle lugar a estos pensamientos y de sembrar estos derechos en cada uno de los hombres para que al dar sus frutos podamos compartir una sociedad basada en el respeto e integración del Otro diciéndole no al racismo y no a la discriminación.

Bibliografía: 
• José Pablo Feinmann – «La metáfora de la casa tomada»
• Albert Memmi – «Racismo y Odio del otro»
• Eduardo Menéndez – «Racismo, Colonialismo y violencia científica»
• Claude Lèvi Strauss – «Antropología Estructural» Cap. I y II. »
• Preiswert Perrot – «Cultura, raza y etnia»
• Castoriadis – «Reflexiones sobre el racismo»
• Eduardo Galeano – «Patas Arriba»
• Declaración Universal de Derechos Humanos
• Constitución Nacional

Julieta Gironacci, Marcela Combín, Liliana Leonor González Liliana González
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