¿Porqué voltear al pasado?

En la agitada vida de principios del siglo XXI, finales del 12 Baktun, los tiempos en que nos tocó vivir, el pueblo mexicano confundido camina a tumbos entre la espesa niebla de la ignorancia y el turbio pantano de la pobreza en que esta sumido. Sin rumbo sigue caminando, ignorando que con cada paso que da se aleja de su éxito, solo para acercarse a los ventosos acantilados de su misma destrucción.

Sin tener con que sostenerse, sin orientarse en este frívolo ritmo de vida, el pueblo esta extraviado, presa fácil de las demagogias políticas, los fanatismos religiosos, y el materialismo occidental.

Deslumbrado por las caricias que le ofrece el modelo mercantilista piensa que el creer ciegamente en el occidentalismo y sus sistemas político-sociales le llevará al progreso. Y así camina el pueblo mexicano, siguiendo un espejismo que le han dicho se trata de el “progreso”, la “superación”, el “bienestar”, y la “riqueza”. Por mas que camina, se aleja más ese fantasma maldito que engaña con sus dadivas. Seguirá caminando el pueblo mexicano, y nunca alcanzará a superarse y salir de los problemas en que esta sumido. La pobreza se agrava, acelerando el índice delictivo, creando violencia, que conlleva a una inseguridad generalizada que esta paralizando al sistema denominado “México”. Lo que sigue es el reino del caos, el hartazgo, y así finalmente el desesperado grito que dará el pueblo en los últimos días de vida de este país nacido de una mentira colonizadora.

¿Llegará el momento en que el sol alumbre al pueblo mexicano, al pueblo anahuaca? ¿Seremos capaces de despertar de esta horrible pesadilla que vivimos, sobreviviendo entre la hambruna y la violencia, entre las falsas promesas y las mentiras?

La única manera de que nos demos cuenta de cuanto nos hemos internado en la sombría forma de vivir que se nos ha impuesto bajo el esquema de éste sistema social colonizador, es cuando volteemos al pasado. El momento en que nos detengamos, nos fijemos donde estamos parados, y después volteemos hacía atrás, hacía nuestro bello pasado, lágrimas derramaremos al ver cuanto hemos perdido y cuanto más hemos olvidado. Solamente al ver en nuestro pasado los milenios de historia que hemos escrito, las grandezas urbanas, las proezas inventivas, la dulzura poética, y la alta sociedad que poseían nuestros ancestros indígenas, entonces, sabremos quienes somos y de donde venimos. Finalmente conoceremos nuestra herencia máxima, aquella dejada por los Viejos Abuelos, aquellos cuya sangre morena llevamos bombeando por nuestro corazón.

Si todos llegamos a saber quienes somos, de donde venimos, y que hicimos para llegar a donde estamos, entonces tendremos con que sostenernos en éste mundo decadente. La voz y la escritura de nuestros ancestros indígenas será la guía para no perdernos, pues ahí esta su sabiduría y los preceptos sociales que usaban para llegar al verdadero progreso. En estos tiempos digitales de alta tecnología se han hecho muchos avances en ciencia y tecnología, pero nulos han sido los pasos que se han dado en materia social. Nuestros ancestros, los Viejos Abuelos, alcanzaron la cima del bienestar social. Lo que no solo Anahuac, sino todo el mundo necesita son los avances en adelantos sociales, para poder hacer llegar el verdadero progreso hacía los pueblos pobres.

¡Fuimos un pueblo de poetas,
de sabios y artistas!
¡Hoy solo de criminales,
de vagos y malhechores!

Tendremos que voltear al pasado sin titubeos. No hay vergüenza en querer saber nuestro origen, al contrario, pues al conocer nuestro pasado se obtendrá la fuerza para luchar por lo nuestro. ¿Como es posible andar por la vida sin saber quien se es?

Sin embargo la acción más difícil será el regresar a nuestras raíces, el seguir la hermosa luz de nuestro pasado. Se pensará que uno retrógradamente retorna a un pasado sin futuro, sin embargo, se regresa para conseguir un futuro. Pues, sin nuestro pasado nunca existirá nuestro futuro. Y al no haber futuro solo existe la nada, el interrogante, la desolación. Nadie lo ha intentado desde la caída de Canek y el pueblo itza ante los españoles en 1697, último bastión de independencia que hayamos tenido. Desde entonces hemos estado esclavizados a un sistema social extraño y nocivo para nosotros, de donde se ha importado la corrupción, la violencia desalmada, la educación positivista que ha hecho estragos culturales, y el enfermizo amor por el dinero. Nunca nos hemos independizado culturalmente de las garras eurocentricas, seríamos los primeros en intentarlo. Como parte de la guerra florida que tenemos que emprender para recuperar nuestro camino, es esencial primero luchar por nuestro pasado.

Si no retomamos los pasos de nuestros ancestros, de Cuauhtemoc el Grande, del valeroso Netzahualcoyotl, del sabio Ayocuan Cuetzpaltzin, de la valiente 6-Mono, entonces, estaremos condenados a desaparecer ante la demoledora mercadotecnia del mercantilismo, perdidos sin identidad como un pueblo sin rostro. ¡Tenemos que regresar a nuestras raíces, para alumbrar hoy, el sendero de nuestro futuro!

Escrito dirigido para los mexicanos y demás pueblos de este continente afines.
Por su servidor: Miguel Ángel Omaña Rojas