Barcelona, tierra prometida

Hace cuatro años que tengo residencia fija en Barcelona, soy emigrante retornada, y corre por mis venas sangre catalana. Las puertas laborales no se abren para mi suerte, por ser mujer, por no saber un idioma, me quedo a un costado del andén de la vida, esperando un tren que nunca llega.

Mientras tanto observo un estilo de vida que va de la mano de la hipocresía, el facilismo y el acomodo o amiguismo. No percibo valores éticos que deben estar presentes en las relaciones humanas y la verdad debería ser una moneda de curso legal.

Tengo entusiasmo pero muchas veces me quedo, tristemente callada. Desde mi visón de las circunstancias, en esta sociedad que vivimos no existe igualdad entre el hombre y la mujer, porque no somos iguales, sí, somos complementarios, por ejemplo en la gestación de una nueva vida, pero es la mujer quién lleva en su seno materno al nuevo ser durante nueve meses.

Tengo la sensación que cuando se habla de igualdad entre el hombre y la mujer, parece que es la mujer la que sube un escalón para ser igual, cuando en realidad es la mujer la que desciendo un escalón para intentar esa igualdad.

Vivimos en una sociedad machista, donde el hombre en forma indigna pone a la mujer en una situación de desventaja, donde en el juego de la vida no existen las mismas reglas de juego para el hombre que para la mujer, entonces la mujer está indignamente tratada.

Para integrarse en la sociedad, la mujer debe masculinizarse, entonces y sólo entonces ocupa puestos jerárquicos. Cuando un hombre trata de igual a igual a una mujer, es como si no entendiera que lo que tiene en frente es una mujer, con todas sus características, y le da palmadas en el hombro como si fuera uno igual que él, se expresa como si estuvieran entre hombres. Y aquí es donde cree que se plantea que el hombre se despista con el trato hacia la mujer, y se cree que a la mujer también le gusta el fútbol.

Digamos que el hombre cumple a pie juntillas su estado de derechos y no piensa mucho en sus obligaciones. Si somos complementarios no seremos nunca iguales, como es un error pensar que la mujer es un ser inferior al hombre, con solo pensar quién da a luz un hijo, siempre será la mujer, menospreciar este dato, es sumamente injusto.

Lo que debería buscarse es que el hombre le devuelva la dignidad a la mujer, no tratándola como si fuera un hombre, que no lo es sino dándole el respeto que no tiene del hombre y en consecuencia es avasallada. Cuando la mujer forma una pareja, para el marido es su esposa, en la cama es la amante, la madre de sus hijos, en la casa, quién realiza la mayor parte de tareas y como si esto fuera poco tiene que salir a trabajar para ayudar al marido a sostener económicamente el hogar….

Creo que la hipocresía sólo seguirá generando ignorancia, desinteligencias, insatisfacciones. Al principio, alguien creo a la mujer a imagen y semejanza del hombre, pongamos las semejanzas donde corresponda, nivelando para arriba, no para abajo. Las mujeres debemos hacer un cambio sincero y sentirnos lo que somos, sin humillaciones, y los hombres no deben sólo ceder, sino aceptar su manipulación y rectificar, que es de sabios.
Autor: Penellamaria