Revoluciones (no tan) silenciosas

México es en realidad dos México, tal como lo definió un escritor muy importante llamado Guillermo Bonfil: un México profundo, que es el México campesino, indígena, y el México imaginario, ese proyecto de nación occidental que se monta sobre el México existente.

Este último intenta borrar el origen cultural de México e imponer un modelo económico, cultural, político, social y hasta ambiental. Entonces el México profundo pugna fuertemente. Argentina tiene etnias muy mermadas, aunque están empujando en la Patagonia y en el Norte, pero aquí hay ocho millones de indígenas vivos, con una cultura muy viva. México es en realidad eso. Lo otro es una imposición que sigue luchando por persistir. Al estar esa pugna constante, nosotros tenemos como país una especie de esquizofrenia. Somos mestizos educados a la europea y norteamericanizados, pero a quienes reconocemos la cultura mexicana como una de las pocas culturas originales que han surgido en la tierra, nos preocupa y nos gusta vivir como vive el México profundo. Hace cuatro años, tuvimos la oportunidad de poder volcar nuestro trabajo teatral a las comunidades indígenas y de llevar lo que nosotras aprendimos en veinticinco años. Y fue posible gracias a un sistema de salud muy especial –que existe hace 25 años en México– porque es el único que llega a los más pobres de los pobres. Es un programa ejemplar, que fue copiado en muchas partes del mundo por eficaz: cuando construyes una red de tantos años en las comunidades más perdidas, es algo invaluable.

Fuente: pagina12.com.ar