La luz solar y la supervivencia

El color de la piel humana ha sido muy usado para definir las razas. Desde hace siglos, los pueblos de piel oscura han sido injustamente discriminados por considerarlos de clase inferior e incluso, después del descubrimiento de América, se discutió en España si los indígenas eran realmente seres humanos y si deberían ser protegidos por las leyes como «hijos de Dios».

En nuestro propio país, donde prácticamente todos somos mestizos, las personas «claras» discriminan a las morenas. Nuestros pueblos provienen de unos cuantos europeos y una gran cantidad de indígenas y tenemos más herencia genética de éstos que de los blancos. Los biólogos dicen que por nuestro comportamiento animal consideramos peligrosos a todos los que no se parecen a nosotros.

Los genetistas -científicos que estudian cómo están emparentados los pueblos en la Tierra, entre otras cosas- dicen que los seres humanos evolucionaron en África entre 200 mil y 100 mil años atrás y que todos los humanos actuales descendemos de un grupo que se esparció desde ese continente hace 60,000 años. Si todos pertenecemos a la misma especie, o sea, que todos somos parientes cercanos, ¿a qué se deben las diferencias del color de la piel?

La respuesta es: a la presencia de una sustancia llamada melanina. Si quitáramos la epidermis a una persona blanca y a otra negra, no veríamos mucha diferencia. Hay un estudio muy interesante (Jablonski y Chaplin, 1999) en el que estudiaron la relación del color (reflectancia) de la piel de los humanos nativos de una zona geográfica, con la intensidad de la luz ultravioleta del sol que se recibe en esa zona. Se encontró una correlación casi perfecta.

Fuente: cambiodemichoacan.com.mx