El racismo cotidiano

Hace unos días estaba de compras en una tienda de abarrotes junto con otros clientes y el dueño del establecimiento; mientras esperaba el cambio, llegó una señora purépecha y nos ofreció manojos de manzanilla, ¡compra manzanilla! Dijo y nadie le respondió, ni siquiera voltearon a mirarla; ella esperó y luego de unos tres minutos volvió a ofrecer su producto, la respuesta fue la misma: silencio e indiferencia total, como si no existiera.

Ya de salida le dije gríteles señora a ver si así la escuchan, ella se rió y se fue. La escena es bastante común, de todas las veces que ella ofrece su manzanilla durante una jornada de trabajo, es muy probable que cuatro de cada cinco ocasiones ni la volteen a ver; lo mismo ocurre con las señoras que ofrecen tierra de encino, sillas rústicas, hongos, frutillas y otras cosas. Se trata de una de las tantas formas de discriminación que cotidianamente ocurren en nuestra entidad.

El elemento esencial de la discriminación es la asimetría, el que alguien se crea superior a otro y le dé, en consecuencia, un trato de inferioridad; ello puede ocurrir por razones de raza, de género, de preferencias sexuales, religiosas, políticas, etcétera. Y aunque lo prohíben nuestras leyes -y el más elemental juicio sano nos indica que como seres humanos somos iguales- definitivamente existen muchas formas cotidianas de discriminación racista.

Fuente: cambiodemichoacan.com.mx