Bossi, Berlusconi y la persistencia de la anomalía italiana

Una primera lectura de las elecciones dice que se simplificó el sistema de partidos, en beneficio del PDL de Berlusconi —que no es empero un partido todavía, sino una coalición que promete fusionarse en una sola entidad política— y del PD veltroniano, este sí un partido orgánico y ya en rodaje.

Pero esta primera lectura positiva deja afuera el asunto principal. Es necesario preguntarse qué significa este triunfo amplio de Berlusconi y de su aliado Umberto Bossi, titular vitalicio de la Liga Norte. Esta aportó un vital 9 por ciento de votos, sin los cuales el “Pueblo de la Libertad” berlusconiano se hubiera quedado, otra vez, en la vereda de la derrota, como en 2006. Y es aquí que las cosas se ponen decidamente feas. Al ver y escuchar a Bossi y a sus “buenos muchachos” cualquier demócrata se queda helado.

Exudan racismo abierto, xenofobia al por mayor, discriminación de toda clase. La Liga Norte ha hecho incluso una involución desde el período 2001-06, cuando podía presentar al frente del Senado a un jurista de talla como Marcello Pera. Hoy predominan de manera absoluta los caciques territoriales que imponen una retórica brutal, instigados por su jefe supremo, Bossi.

Este no dudó en convocar a “tomar los fusiles” hace pocos días, cuando se plantearon dudas con la confección de las boletas. El racismo explicito de Bossi, cabal representante de cierto italiano del norte que se pasa las tardes en un bar de periferia, se transmite como una orden a sus lugartenientes, que multiplican el mal ejemplo del jefe.

Fuente: lacapital.com.ar