Nación y fuerzas armadas

El neoliberalismo ha procedido con enorme tenacidad contra todo lo estatal de suerte que los gobiernos reformistas de Latinoamérica tienen que comenzar por la dura tarea de rehacer las estructuras básicas de un estado moderno. Fieles al espíritu del laissez faire, nuestros neoliberales criollos han apostado febrilmente por el “estado anoréxico”, pero cuidándose de mantener y fortalecer hasta grados insospechados el aparato militar-policial, destinado a salvaguardar la propiedad y garantizar los negocios.

Quienes han denostado del gasto público como un despilfarro y han convertido al Estado en “el problema” en realidad en su discurso se refieren al gasto social pero jamás llevan su fundamentalismo al extremo de debilitar el brazo represor de las instituciones. Se debilita o destruye la salud y la educación públicas y en general todo lo que indique redistribución de riqueza al tiempo que se fortalece en gran medida el papel de los ejércitos, la policía y los cuerpos de seguridad, complementados con hordas mercenarias de paramilitares que realizan las “tareas sucias” en la represión social.

Colombia, uno de los alumnos aventajados del llamado “Consenso de Washington” tiene hoy arriba de 400 mil soldados (otros datos hablan de 600 mil), gasta casi el 7% de su PIB en la guerra (proporcionalmente más que Estados Unidos en las suyas) mientras las privatizaciones han diluido hasta la casi desaparición los servicios públicos básicos.

Fuente: cantabriaconfidencial.com