Razas humanas y racismo

Temas TOP
- Pablo de Tarso
- Historia de la Filosofía
- Jan Hus
- Teología negativa
- Alemania no combate suficientemente el racismo
- Políticas discriminatorias, por condición racial o nacional
- Recomendaciones para evitar accidentes en zonas acuáticas

“Raza es una categoría inferior a la especie”. Podemos ampliar esta definición afirmando que raza es una variedad de la especie que presenta caracteres peculiares transmisibles por herencia, que son constantes. Su naturaleza es morfológica y funcional.

Algunos autores han sostenido que se llama raza humana a un grupo biológico dentro de nuestra especie. Estos grupos se clasifican por detalles característicos, que afectan la forma corporal, la estatura, el peso, la pigmentación de la piel, textura y color del cabello, la fórmula química de la sangre, las huellas digitales e incluso la excreción de aminoácidos.

El concepto de raza humana no es estático, porque las mismas están en permanente estado de cambio, diversificándose y especializándose. Se ha verificado una constante variación de los genes. Esto es parte del proceso evolutivo que hace que las razas cambien o se extingan, inclusive que aparezcan otras.

Hay quienes afirman que en la actualidad las razas humanas son cuatro y otros dicen que son tres. A saber: Blanca, negra, amarilla y cobriza, o blanca, negra y amarilla, dando esta última origen a una variedad cobriza que no es una raza propiamente dicha sino una subespecie de ella. Por lo tanto, hablar de razas judía, semita, india, aria, o anglosajona, por ejemplo, implica un profundo desconocimiento del tema.

Con respecto al racismo, todos tenemos conciencia cabal de que se trata de una lacra humana porque implica discriminación. El mismo es un prejuicio según el cual determinados grupos étnicos se consideran superiores a otros, sentimiento que deviene en desprecio y explotación.

En ocasiones, el racismo se convirtió en doctrina antropológica o política. Ello motivó la persecución y el exterminio de quienes eran diferentes a la mayoría étnica de un lugar.

El racismo no se limitó hacia razas con características étnicas distintas, existiendo también el llamado racismo blanco. Este es un fenómeno iniciado en los siglos XV y XVI que culminó en el siglo XIX con las doctrinas imperialistas. Autores como Kidd y Kipling, imbuídos en las teorías de Darwin aunque dándoles particulares interpretaciones personales, defendieron el destino de las naciones occidentales como potencias civilizadoras. Su concepción era colonial y su visión del mundo, eurocéntrica.

Esto dio lugar a la supremacía económica y militar de Occidente. En Estados Unidos, autores partidarios de la esclavitud, tales como Calhoun y Harper, prepararon el terreno para que los teóricos del imperialismo hablasen de la superioridad innata de la “raza anglosajona”. Estas ideas fueron popularizadas por Theodore Roosevelt, con consecuencias nefastas. Su prédica llevó a la segregación racial practicada en los Estados del Sur. Bajo tal sistema, las personas eran consideradas bienes de naturaleza económica. De ese modo, su compraventa era considerada una operación comercial cotidiana. Los esclavos incrementaban los patrimonios personales, y era posible legarlos como herencia.

En tiempos más recientes, la segregación racial ha restringido a determinados grupos étnicos el acceso a ciertos lugares de residencia. También se los obliga a concurrir a instituciones destinados a ellos solamente. Esta forma de racismo ha aparecido en todas partes del mundo donde hay comunidades multiraciales, con excepción de Brasil y Hawaii, donde la disciminación es ocasional y no se la ve con esas características.

Las colonias europeas desde sus orígenes fueron escenarios de discriminación racial. Durante y después de las guerras de liberación aparecen nuevas y más sofisticadas formas de racismo. La actitud original en las colonias tenía como interés fundamental perpetuar la dominación de la metrópoli. Y sus colonos, gozando de un alto nivel de vida, no se resignaban a perderlo. Tampoco consideraban que su poder omnímodo fuera negociable.

En cuanto al antisemitismo, hubo una forma no específicamente racial. Este fue consecuencia del fanatismo religioso inculcado por la Iglesia Católica durante la Edad Media, al considerar a los judíos responsables de la muerte de Cristo. Príncipes y reyes atizaron esos sentimientos de odio para justificar la confiscación de bienes de los judíos. El antisemitismo propiamente racista se basa en la existencia de una supuesta “raza aria” que nadie ha visto ni tampoco se ha podido definir.

Gobineau utilizó el mito del arianismo en los años 1853/1855 para justificar la desigualdad social, concluyendo que los aristócratas europeos descendían de los arios, “una raza dominadora y creadora de civilización”.

Chamberlain (“Los fundamentos del siglo XIX”) asignó la exclusividad del arianismo a los germanos que habitaban Alemania, idea que, entre otros, fascinó a Richard Wagner. Como consecuencia se exacerbó un trágico sentimiento de superioridad aria en el pueblo alemán, que fue caldo de cultivo del nazismo. Las tesis de Chamberlain, Gobineau y Rosenberg crearon las bases del nacionalsocialismo, con la dictadura de la de una “raza” implacable y agresiva, liderada por un führer. Por eso, hablar del Holocausto nazi como resultante de una política fundamentada en las leyes de la Naturaleza, implica desconocer el tema.

También es necesario recordar que en la II Guerra Mundial no fallecieron “decenas de millones” de personas, como dijo otro columnista días atrás. Cayeron doce millones de víctimas, siendo la mitad judíos y el resto combatientes rusos, franceses, ingleses, norteamericanos, polacos, etc. Debemos recordar que cuando se rendían a los alemanes, los rusos no eran hechos prisioneros de acuerdo a la Convención de Ginebra, fusilándoselos de inmediato.

El racismo está desprestigiado, y el psicoanálisis lo explica como una manifestación de temor hacia “el otro”, hacia el que es “diferente”. Afirma también que es un sentimiento muy arraigado en personas que, individual o colectivamente, se sienten inseguras en su personalidad. La falsa seguridad que les proporciona estar entre “iguales” es una gratificación compensatoria que se manifiesta con la estimulación recíproca. Actúan bajo el anonimato que les da la “patota”, realizando “hazañas” que individualmente no se atreverían a intentar.

RAZAS HUMANAS Y RACISMO
Ramos generales
Sarah Becker.
Fuente: panoramacultural.net

Regresar