Racismo como diversión

Tenía buena puntería el soldado rubio y de ojos azules. El mando norteamericano no dio su nombre, pero su puntería quedó probada al atravesar las balas de su arma el ejemplar del Corán que había elegido como blanco.

No fue una casualidad. El mercenario oficial (los soldados que combaten en Iraq lo hacen por una paga y ventajas personales, sin contar aquellos contratados por empresas privadas) sentía el odio visceral hacia todo lo musulmán que le habían inoculado en la mente los poderosos medios de difusión masiva y sus gobernantes con su política de inculcar terror a la población.

Cuando tuvo que hacer su práctica de tiro, escogió un ejemplar del libro sagrado de los mahometanos, pensando que con ello podría destruir una cultura antiquísima, sin saber en su ignorancia los aportes hechos por los musulmanes a la humanidad.

No contento con ello, escribió en los restos del libro algunas palabras que los que profesan el Islam no pueden tolerar.

Fuente: radiorebelde.com.cu