Creativos de mal gusto

No creo ser mojigato. Tampoco chauvinista. Pero mi orgullo de colombiano resulta herido cada vez que en el exterior se refieren a nuestro país en términos despectivos o peyorativos. Cuando hablan de la colombianización de un Estado para hacer referencia, por ejemplo, a que el narcotráfico les está ganando la partida. Cuando nos preguntan, aterrados, si es verdad que ya llegaron los automóviles, que vivimos en casas con techo y no en la copa de los árboles, que podemos asomarnos a la esquina sin ser atravesados por una flecha.

Cuando, después del saludo, lo primero que se le ocurre a ese gringo o a ese europeo que nos acaban de presentar es llevarse un dedo a la nariz para hacernos una broma con la cocaína. Broma de mal gusto. Chiste pendejo.

También me molesta el racismo. Primero, porque estoy convencido de que ninguna raza es más que otra. Segundo, porque creo firmemente en que la diversidad hace que el mundo sea más interesante. Y luego, porque pertenezco a un país en el que la población negra cuenta con varios millones y en el que prima el mestizaje… y hay que ver los buenos resultados de esta mezcla de razas, no solo en lo físico sino también en el carácter: no en vano los extranjeros se fascinan con la mujer colombiana. No en vano la malicia indígena que llevamos en los genes nos ha hecho distinguir como personajes que rara vez nos varamos en la vida.

Fuente: eltiempo.com