Entre el petróleo y la lectura

En 1950, con El laberinto de la soledad, Octavio Paz trazó el perfil cultural de los mexicanos, hallándolos sumisos ante el poder y reservados en lo público. Se trata de un pueblo que ha sido sometido, al que se le ha censurado ser y se le ha obligado a imitar.

Los mestizos, auténticos mexicanos -como resultado de indígenas y españoles- construyeron su idiosincrasia por una parte, con los rescoldos de una civilización humillada, destruida, suplantada; y por otra, con la soberbia de un pueblo cegado por su ambición expansionista. México se vio en su nacimiento con la madre muerta en el parto y con el yugo de un padre explotador.

La condición social del mexicano está determinada por estos antecedentes fundacionales, cuyos efectos han prefigurado a un país inseguro de su propia identidad y desconfiado de sus capacidades y alcances.

Aún así, dos momentos históricos han sido emblemáticas resistencias al destino de este país: la Independencia del yugo paternal, y cien años después, la búsqueda de una libertad cívica, con la que se da inicio, por vez primera, al sueño mexicano de ser un pueblo equiparable a cualquier otro que goza de libertad y autodeterminación, como valores intrínsecos de la modernidad.

Fuente: informador.com.mx