Olimpiadas y Jefferson

En los Juegos olímpicos se muestran diferentes colores de la piel, tamaños y pesos variados -desde los pesos mosca o súper ligeros en el box hasta las monumentales contexturas de los luchadores de sumo-. Y toda la riqueza de los tipos humanos: negros, blancos, asiáticos, mestizos, rubios, pelirrojas, mulatas, cobrizas.

Hombres y mujeres de las naciones del mundo que han dedicado buena parte de su vida a algo tan bello e inútil, en el sentido pragmático, como ejercitar sus cuerpos y conseguir marcas y records cada vez más ambiciosos. Vencerse a sí mismos.

Varias Olimpiadas han estado marcadas por hechos políticos, incluyendo estas ultimas, en las que el mundo se ha tomado tiempo para reflexionar sobre el dominio de la República Popular China sobre el Tíbet, un sistema político y económico que sujeta, domina y llega a anular al individuo, la contaminación ambiental como costo del desarrollo económico. ¿Cómo no reconocer la maravilla de las gimnastas chinas y de otros deportistas? Y a mismo tiempo, ¿a qué costo humano y social se consiguen estos campeones? Hitler, en el 36, no quiso estrechar la mano del triunfador atleta negro Jesse Owens, y décadas después, los corredores negros que llegaban a la meta alzaban su puño en gesto de adhesión a los movimientos de liberación. Y si bien siempre ha habido grandes entre los norteamericanos, rusos, europeos, por allí deportistas de países periféricos llegan a los espectaculares estadios de los países anfitriones, que cuentan con una infraestructura grandiosa, y pueden obtener medallas.

Fuente: hoy.com.ec