Crisis de la mentalidad

Mañana los atletas mexicanos que sacaron la cara llegaran a nuestras tierras recibidos como verdaderos atlas que se echaron sobre las espaldas el compromiso de rescatar las frustraciones enteras de un pueblo. Hoy se acaba nuestro nerviosismo despertado por la incómoda situación de medirnos ante los gigantes del deporte. Ellos, los taekwondoínes de oro y las clavadistas de bronce, destacaron en su actividad tal como un científico o investigador de la UNAM o el IPN que va al extranjero lo hace, por mérito, constancia y disciplina personal, con nulo éxito mediático, por cierto.

Sin embargo, nuestros olímpicos son utilizados política y moralmente como ningún otro mexicano en competencia, justo porque en el deporte —en concreto en las Olimpiadas—, se ejerce un dispositivo singular de catarsis nacional. Es decir, se ha construido un condicionamiento por parte de nuestra cultura: lo que verdaderamente está en juego en las Olimpiadas es la mentalidad de un pueblo frente a otro. ¿Será que más que un logro a nivel deportivo, los triunfos olímpicos sean llevados por ciertos dispositivos sociales, morales y psíquicos del pueblo, al grado de epopeyas representativas de todos y cada uno de nosotros? Si fuera así, ¿con qué fin se elabora tan sofisticado y perverso complejo simbólico? ¿Quién o qué lo instrumenta?

Sin duda, tal como el maestro Samuel Ramos lo develó desde 1932, nuestra nación carga con algo más que un malestar, se tropieza una y otra vez con el problema del complejo de inferioridad. Ramos supo acercarse con tino al nodo de nuestra personalidad como mexicanos, un defecto de personalidad colectiva que hace empequeñecer nuestras cualidades, menores en comparación con las de otras naciones.

Según Ramos eso causa una reacción voluble de la emoción y conducta del mexicano, haciendo que cada que algo o alguien pone en evidencia tal sentimiento de inferioridad, el implicado actúe magnificando sus logros, presumiendo sus habilidades y exagerando cada una de sus cualidades. México, para Ramos, desde la Independencia se siente menor en fuerzas a su padre España. Por ello comenzó a copiar, durante el siglo XIX y principios del XX, el modelo francés en política, arte y cultura pues pensó así cubrir ante el mundo sus carencias. ¿Cómo se relaciona esto con el olimpismo?.

Fuente: milenio.com